Portugal, inmerso en la campaña para las elecciones anticipadas del 5 de junio, respiró hoy aliviado por la aprobación de su rescate financiero, que exige graves sacrificios y se ha ganado la oposición de la izquierda marxista y los sindicatos.

El presidente de Portugal, el conservador Aníbal Cavaco Silva, fue la primera autoridad en reaccionar a la decisión de los ministros de Finanzas comunitarios y exhortó al país a cumplir los compromisos de la ayuda financiera, de 78.000 millones de euros (110.000 millones de dólares).

La aprobación del rescate, que salva a Portugal de la bancarrota, se produce en un clima de tensión política en el que los dos grandes partidos lusos, el Socialista (PS, que gobierna en funciones) y el Social Demócrata (PSD, favorito para sucederle) están en plena guerra de descalificaciones.

Mientras las dos formaciones políticas que se han turnado en el poder a lo largo de tres décadas de democracia lusa intentan hacerse con el apoyo de los indecisos, Cavaco, líder histórico del PSD, reconoció que el cumplimiento de la ayuda financiera será "muy exigente" y "pondrá a prueba la capacidad de las fuerzas políticas".

Los acuerdos financieros con la UE implican un programa de reformas laborales y ajustes económicos para sanear la economía portuguesa, hacerla más competitiva y reducir, en sólo dos años y medio, a una tercera parte su déficit fiscal, hasta el 3 por ciento.

En el breve mensaje que dirigió a los ciudadanos a través de una red social, el jefe del Estado subrayó la responsabilidad que tiene Portugal para honrar estos compromisos y, al mismo tiempo, "encontrar un espacio para la justicia social y el desarrollo".

La recesión, que ha vuelto este año al país por las severas medidas de austeridad contra la crisis, y el aumento del desempleo, que supera el 11 por ciento, han puesto en pie de guerra a las organizaciones sindicales y a la izquierda marxista, con cerca de un 20 % de apoyo electoral.

La oposición de esa izquierda a las reformas laborales y económicas que exige el rescate financiero ha dejado al PS, que tiene un 35 % de intenciones de voto, sin virtuales aliados para la formación de Gobierno tras las elecciones.

En cambio el PSD, que sobrepasa ligeramente a los socialistas en los sondeos, cuenta con el respaldo del Partido Popular luso (CDS-PP), la fuerza más conservadora de la Asamblea, que con cerca del 13 % de los apoyos puede darle una mayoría más cómoda para gobernar.

Esos tres partidos se han comprometido a cumplir las condiciones del rescate negociadas con una delegación de Bruselas y el Fondo Monetario Internacional (FMI) que estuvo en Lisboa casi todo el mes de abril.

La UE aporta 52.000 millones de euros, dos terceras partes de la suma, y los otros 26.000 millones los pondrá el FMI, que todavía debe dar la aprobación final a la operación.

Portugal se vio obligado a pedir ayuda internacional por la presión de los mercados y la crisis política que desencadenó la caída del Gobierno socialista en marzo, cuando el PSD no respaldó su cuarto plan de austeridad.

El Gobierno luso no espera recibir hasta finales de mes el primer tramo de la ayuda, por 18.000 millones de euros, y se ha visto obligado a emitir deuda, con una fuerte penalización del mercado, para cumplir sus compromisos financieros.

Este miércoles vuelve a subastar alrededor de mil millones de euros con vencimiento a sólo dos meses, el que resulta más atractivo para los inversores.

En la anterior emisión, el 4 de mayo y la segunda desde que pidió ayuda, Lisboa colocó 1.117 millones de euros a tres meses con intereses del 4,65 %, frente al 4,04 de la subasta realizada dos semanas antes.

Los inversores exigían hoy más del 11 por ciento de interés para adquirir bonos lusos a tres y cinco años, que se mantienen en ligero descenso, en tanto los títulos a diez años, que sirven de referencia en el mercado secundario, se situaban bajo la barrera del 9 %.

Los 52.000 millones de euros que la UE va a prestar a Portugal a lo largo de los próximos tres años tendrán que ser devueltos a intereses de entre el 5,5 y el 6 %, en tanto que la parte del FMI, tendrá en principio un interés variable que parte del 3,5 %.