Una serie de delicados retratos en pastel del siglo XVIII protagonizan desde hoy la nueva muestra del Museo Metropolitano de Nueva York, que ha reunido cuarenta ejemplos europeos de estas obras raramente exhibidas.

"Es una exposición inusual porque el pastel es un material inestable, lo que hace que estas obras no se transporten con avión, ya que la vibración daña la imagen", explicó a Efe la responsable de pintura europea del museo, Katharine Baetjer.

"El 90 % de las obras son de colecciones de Nueva York, es una exposición que solamente es posible en unas cuantas ciudades del mundo", explicó la experta sobre la muestra, que se podrá visitar hasta el hasta el 14 de agosto bajo el título "Retratos en pastel. Imágenes del siglo XVIII europeo".

El Metropolitan expone así retratos diversos: individuales y de grupo, y elaborados por las escuelas francesa, italiana, suiza, alemana e inglesa, pero todos dotados de la particular luminosidad que les confiere el pastel, una técnica en la que el pigmento se aplica directamente en el papel, sin estar disuelto como la pintura.

"El pastel es una técnica inusual, situada en algún punto entre el dibujo y la pintura, porque el soporte es papel, pero los colores son vivos", explicó a Efe Baejter sobre este estilo, que se popularizó a partir del siglo XVIII para realizar retratos porque es "barato, rápido y vivo".

Los tonos en estos cuadros se mantienen vivos y luminosos "porque no hay barniz sobre el pastel", pero ello es precisamente lo que los hace tan delicados "al no estar protegidos por esa capa están expuestos al aire y a la polución", puntualizó por su parte la jefa del departamento de conservación del Metropolitan, Marjorie Shelley.

Entre los ejemplos que se podrán contemplar, siempre iluminados de forma tenue para no dañarlos, Shelley destacó "Mujer joven con pendientes de perlas" (1720), de la artista veneciana Rosalba Carriera (1675-1757), una de las retratistas favoritas del momento en una época en la que pocas mujeres podían dedicarse a pintar.

Carriera, que desarrolló su trabajo en un contexto en el que el pastel se veía como un medio "adecuado" para las mujeres, también es la autora de "Gustavus Hamilton, segundo vizconde de Boyne" (1730-31), que retrata al noble ataviado con un traje azul para un baile de disfraces.

Otros ejemplos importantes que acoge el museo neoyorquino están firmados por Maurice Quentin de La Tour (1704-1788) y Jean Baptiste Perronneau (1715-1783), dos autores que cultivaron el retrato en pastel en París a mediados del siglo XVIII.

Entre los elaborados por De La Tour, destacaron el retrato que realizó del también pintor Jacques Dumont "le Romain" en 1742, en el que éste aparece tocando una guitarra, mientras que de Perronneau uno de los más notables es "Olivier Journu" (1756), que refleja a un burgués de una familia de mercaderes y del que el artista captó la viveza de su expresión y sus ojos azules.

La popularidad de los retratos en pastel de la época, que se gestó y floreció en Europa, llegó hasta Boston (Massachussets), donde John Singleton Copley, fue el autor de "retratos excepcionales", como "Ebenezer Storer Jr."(1768), a pesar de ser autodidacta en esta técnica.