El Cuerpo de Ingenieros del Ejército abrió el sábado la compuerta de un aliviadero por primera vez en casi cuatro décadas en el Misisipí en Luisiana, vertiendo agua en zonas rurales, a fin de evitar un desastre potencialmente mayor en zonas densamente pobladas, río abajo.

El agua fluyó lentamente al comienzo, pero luego aumentó su caudal hasta asemejar una catarata. Anegará hasta 7.770 kilómetros cuadrados (3.000 millas cuadradas) de tierras, donde se ubican varias granjas agrícolas e ictícolas. Algunos lugares podrían terminar debajo de hasta 7,5 metros (25 pies) de agua.

Abrir la compuerta en el vertedero de Morganza desvía el agua lejos de Nueva Orleáns, Baton Rouge, así como de las numerosas refinerías petroleras y plantas químicas, río abajo.

"Estamos utilizando todas las herramientas de control de inundaciones que tenemos en el sistema", dijo el mayor general del Cuerpo de Ingenieros del Ejército Michael Walsh el sábado desde el lado seco del vertedero, antes de que la bahía se abriera. Se espera que el podio sobre el que estaba de pie Walsh esté bajo varios metros de agua el domingo.

El aliviadero de Morganza es parte de un sistema de esclusas y diques construidos después de la gran inundación de 1927 que mató a cientos de personas. Cuando se inauguró, fue la primera vez en que tres sistemas de control de inundaciones habían sido abiertos al mismo tiempo a lo largo del río Misisipí.

A principios de este mes, el Cuerpo de forma intencionada hizo agujeros en un dique en Misurí para emplear una estrategia similar de darle prioridad a las ciudades, y también abrió el aliviadero Bonnet Carre al noroeste de Nueva Orleáns para enviar el agua al enorme lago Ponchatrain.

El deshielo de la nieve y fuertes lluvias han hecho crecer al Misisipí, y el aumento de los niveles del río ha superado registros establecidos hace 70 años.

Alrededor de 25.000 personas y 11.000 estructuras podrían estar en peligro.

En Krotz Springs, Luisiana, una de las ciudades en la cuenca del río Atchafalaya que se preparan para las inundaciones, Monita Reed, de 56 años, recordó la última vez que abrieron el Morganza en 1973.

"Podíamos sentarnos en el patio y oír el agua", dijo, mientras los trabajadores construían un dique provisional de sacos de arena y cajas de malla rellenas de tierra con la esperanza de proteger las 240 casas en su subdivisión.

Algunas personas que viven en el tramo de campo amenazado — una zona conocida por un dialecto francés — ya han comenzado a salir. La familia de Reed empacó sus muebles, ropa y fotos en un camión de alquiler y el remolque de un familiar.

El agua fluirá unos 30 kilómetros (20 millas) hacia el sur en la cuenca del Atchafalaya. Desde allí seguirá a Morgan City, un centro de petróleo y comida de mar y una comunidad de 12.000 personas. Finalmente, llegará al Golfo de México.

Los ingenieros temían que la presión acumulada durante semanas causara que los embalses cedieran, provocando una inundación de hasta seis metros (20 pies) en Nueva Orleáns, en un desastre que habría sido mucho peor que el huracán Katrina en 2005. A pesar de que el agua estaba siendo liberada del río, los diques estarán a prueba por un par de semanas.

"Estos diques estarán bajo mucha presión durante un largo periodo de tiempo", dijo el coronel del Cuerpo Ed Fleming.