Haití vivirá mañana una jornada histórica que, tras la investidura de Michel Martelly como presidente, dará paso a una etapa decisiva en el camino de la ansiada reconstrucción del país y, al mismo tiempo, pondrá punto final al mandato del presidente René Préval.

Los haitianos esperan esta nueva presidencia deseosos de ver hechos realidad los cambios que Maretelly ha proclamado en favor de los ciudadanos, que serán la principal prioridad del próximo Gobierno, de acuerdo con el discurso que le dio el triunfo en las elecciones de marzo pasado con el 67,57 % de los votos.

El empleo será el gran eje de su política en la Presidencia de Haití, aunque habrá otros, como la reubicación de los más de 800.000 desplazados que siguen viviendo en las calles desde el devastador terremoto de 2010, la vivienda, las inversiones, la mejora de las instituciones, de la salud, de la educación y de las infraestructuras.

Pero, sobre todo, Martelly deberá liderar el gran proceso de reconstrucción en que está envuelto el país, que espera todavía ver concretarse los desembolsos prometidos por la comunidad internacional, cifrados en 10.000 millones de dólares en varios años.

Según algunos observadores, hasta ahora los fondos no se han entregado con la agilidad deseada, primero por la proximidad de un cambio en el Gobierno y después por la indefinición creada por la crisis electoral, aparentemente cerrada con la publicación de los últimos resultados.

Ahora, con Martelly en el poder, habrá un interlocutor estable y ello debería permitir el verdadero arranque de numerosos proyectos pendientes.

La llegada del también cantante a la presidencia, por otra parte, no sólo cierra la etapa de Préval, sino que propiciará el primer Gobierno civil que, desde los años noventa, cuando se celebraron las primeras elecciones democráticas, no tiene su origen en el sector político, liderado por el expresidente Jean Bertrand Aristide, y del que procede el mandatario saliente.

A Préval se le ha criticado con dureza en el país por su gestión económica en la liquidación de varias empresas del Estado, entre ellas la compañía Telecomunicaciones de Haití.

En lo social, su mandato estuvo marcado por las primeras protestas en las calles de obreros descontentos por el veto que impuso al alza del salario mínimo.

También tuvo que afrontar críticas por asuntos como la corrupción que azota al país, a pesar de que Haití mejoró en la clasificación elaborada por la organización Transparencia Internacional.

Frente a estos señalamientos, personalidades como el jefe de la Misión de la ONU en el país, Edmond Mulet, elogian su gestión como un presidente en cuyo mandato no hubo violaciones de derechos humanos y se defendieron los derechos políticos, amen de ser el primer gobernante del país que consiguió completar dos periodos presidenciales en paz.

La toma de posesión de Martelly tendrá lugar en un acto que se celebrará junto al Parlamento provisional y que continuará con un "Te Deum" en los jardines del semiderruido Palacio Nacional, donde el nuevo gobernante se dirigirá a la nación.

El lugar, símbolo de la destrucción del terremoto de 2010, presenta una imagen menos trágica gracias a las tribunas instaladas en sus jardines para la ocasión.

La bandera haitiana preside las instalaciones, adornadas también con telas con los colores de la enseña, el rojo y el azul.

En los alrededores, más banderas haitianas y carteles con mensajes para Martelly: "Presidente, usted debe demostrar que tiene carácter y autoridad".

A los actos han confirmado su asistencia el presidente de la República Dominicana, Leonel Fernández; el de Honduras, Porfirio Lobo, el exmandatario de Estados Unidos Bill Clinton -quien es el enviado especial de la ONU para Haití-, así como la secretaria de Estado de Cooperación Internacional, Soraya Rodríguez, en representación de España.

El Gobierno de Haití dispuso de un presupuesto de 2 millones de dólares para la ceremonia de investidura, que incluirá también un almuerzo en el Centro de Convenciones del Caribe.