La canciller alemana, Angela Merkel, oficializó hoy la remodelación de su Gobierno, precipitada por la crisis en las filas del cogubernamental Partido Liberal (FDP) y el relevo del titular de Economía, Rainer Brüderle.

Merkel y el presidente del país, Christian Wulff, sellaron los cambios decididos a principios de esta semana por las filas liberales, de acuerdo a los cuales Brüderle dejará el Gobierno para liderar el grupo parlamentario del FDP.

Su puesto en Economía será ocupado por el hasta ahora titular de Sanidad, Philipp Rösler, quien además se someterá el próximo fin de semana a su elección como líder de los liberales, en el congreso de la formación en Rostock.

La cartera de Sanidad, finalmente, fue asumida por Daniel Bahr, hasta ahora secretario de Estado de ese departamento y segundo en el Ministerio tras Rösler.

La remodelación se materializó con una breve ceremonia en el palacio presidencial de Wulff, quien nombró oficialmente a los nuevos ministros y despidió como miembro del Gobierno a Brüderle.

Los relevos ministeriales son fruto de la crisis persistente en las filas liberales, que el próximo fin de semana despedirán como líder a su ministro de Asuntos Exteriores, Guido Westerwelle, y previsiblemente elegirán a Rösler.

El nuevo ministro de Economía asumirá así, probablemente, el puesto de vicecanciller, ya que éste tradicionalmente recae en el líder del socio menor de coalición.

Westerwelle dejará el liderazgo del FDP tras diez años, mientras el partido ha quedado abocado a luchar por su supervivencia debido a la sangría persistente de electorado.

Del más del 14 por ciento de votos obtenido en las generales de 2009, que le convirtieron en socio de coalición de Merkel, los liberales han caído en los sondeos a porcentajes por debajo del mínimo de cinco por ciento necesario para obtener escaños.

Westerwelle ha pasado así de ser reconocido como el artífice del despegue del FDP, hasta ese resultado récord, a ser considerado el responsable de la caída de popularidad debida en buena parte al mal arranque de su coalición con Merkel y a la situación de disenso persistente en el seno del Gobierno.

El ministro de Exteriores, además, está fuertemente cuestionado como titular de ese departamento.

Sus antecesores en el cargo -desde su correligionario Hans-Dietrich Genscher, en tiempos de Helmut Kohl, al Verde Joschka Fischer, con el canciller Gerhard Schöder, o el socialdemócrata Frank Walter Steinmeier, en el primer gobierno de Merkel- fueron en sus tiempos los políticos mejor calificados por los alemanes.

Esta tradición se rompió con Westerwelle, al que sus compatriotas no reconocen como capacitado para la cartera de Exteriores y que además se ha ganado antipatías entre sus socios -de la UE y la OTAN- por sus ambivalentes posturas respecto a, por ejemplo, la intervención en Libia.

Se espera con expectación cómo será su despedida como líder en el congreso de Rostock y si, como ha ocurrido en las últimas semanas, se suceden los pronunciamientos en favor de que deje también Exteriores, lo que abocaría a Merkel a una nueva remodelación.