Lejos, muy lejos, de sus hogares. Ahogados por una testaruda crisis económica. Y ahora sin casa.

Es la triste historia que les tocaba vivir el jueves a centenares de inmigrantes en Lorca, que no se podían explicar que mente diabólica pudo escribir un guión tan perverso.

Los dos sismos que sacudieron el miércoles esta localidad de la región de Murcia, en el sureste de España, dejaron nueve muertos y centenares de heridos. Pero también un drama que ha vuelto a ensañarse con los más débiles.

Con casas resquebrajadas por el temblor, sin familiares a los que acudir en busca de un consuelo y todavía con el miedo en el cuerpo, la mayoría de los extranjeros optó por refugiarse en los grandes campamentos de acogida instalados por la Cruz Roja y la Unidad Militar de Emergencias.

"Esto es lo que nos faltaba", dijo a The Associated Press Rosa Narváez, una ecuatoriana de 33 años que se quedó recientemente desempleada. "No tenemos trabajo ni un lugar donde vivir".

"No tenemos nada", añadió desconsolada.

Lorca es un ejemplo a pequeña escala de la nueva España multicultural. Un municipio de 92.500 habitantes, donde más del 20% de su población, unas 20.000 personas, son extranjeros que llegaron al país ibérico en los tiempos de bonanza económica. El colectivo más numeroso son los ecuatorianos, según los datos del padrón.

Es el caso de Ana Jumbo, otra ecuatoriana de 33 años que lleva nueve residiendo en Lorca. Su vivienda quedó muy afectada tras el terremoto y junto a seis familiares se refugió en el campamento ubicado en una enorme explanada conocida como Huerta de la Rueda.

El lugar da cabida a unas 3.000 personas en enormes carpas con literas montadas por Cruz Roja y el Ejército. A simple vista, casi todos son extranjeros. La Cruz Roja se encarga de censarlos para que todo el mundo puede disponer de comida y un lugar donde dormir.

Y de paso para que nadie se pierda, porque decenas de niños juguetean ajenos a la tragedia que les toca vivir.

"Pudimos rescatar algo de ropa y enseres de la casa", explicó Jumbo. "Pero no sabemos qué vamos a hacer, qué ayuda nos van a dar".

Jumbo está ahora mismo sin trabajo. Como muchos inmigrantes, suele encadenar lo que en España se conoce como contratos "basura". Es decir, contrataciones por períodos cortos de tiempo, que cuando finalizan no les permiten acceder a prestación por desempleo. Ella se dedica a la agricultura, uno de los principales motores económicos de Murcia.

"Sólo espero poder seguir mandando dinero a mi familia, que pase rápido esta pesadilla", agregó.

Leti Lazo también es ecuatoriana y tiene 23 años. Mientras su hermana y sus padres aguardan la enorme fila formada para acceder a la comida, se encarga de cuidar a su sobrina, de apenas tres meses de edad.

"Está muy asustada (la niña). Llora todo el tiempo y apenas duerme", relató Lazo. "Pero la Cruz Roja se ha portado muy bien con nosotros. Nos han traído leche, pañales y mantas".

Después de pasar la noche del miércoles a la intemperie, la familia Lazo se atrevió a acercarse a su casa, pero no se quedaron.

"Las paredes estaban cuarteadas. La escalera del edificio totalmente destrozada. Y la verdad tenemos miedo de que se produzca otro sismo y se nos caiga la casa encima", relató.

Washington Toapante, de 41 años, ya no sabe qué más desgracias le pueden tocar vivir. Lejos de su Ecuador natal desde hace 9 años, tres de sus cuatro hijos siguen viviendo en Ecuador. Sólo su hija, de 12 años, está junto a él en España.

"Me echaron del trabajo recientemente, todavía no he pedido el desempleo y ahora nos toca esto", señaló cabizbajo. "Sólo pido que nos ayuden".

El alcalde de Lorca, Francisco Jódar, aseguró el jueves que ya están buscando una solución para los miles de damnificados por los terremotos. Según Jódar, los que no puedan volver a sus hogares cuando finalicen las inspecciones serán realojados en otros pisos e incluso en hoteles si es necesario.

"Así no se puede seguir", comentó Mariana Caro, una joven ecuatoriana de 27 años que sostenía en brazos a su hijo de tres.

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Jorge Sáinz está en twitter como @Sainz_Jorge