Jessica Colotl siempre trató de pasar inadvertida, obedeciendo los límites de velocidad y asegurándose de que las luces del auto funcionaban, porque sabía que cualquier episodio que involucrase a la policía podía costarle su diploma universitario y la deportación.

Luego de varios sustos, llegó finalmente el día en que fue detenida por una infracción de tránsito menor, acusada de manejar sin licencia de conducir y entregada al servicio de inmigración a mediados del año pasado. Estuvo 37 días en un centro de detención en Alabama hasta que la excarcelaron y le dijeron que le darían un año para que completase sus estudios en la Kennesaw State University.

Antes de su arresto, Colotl le había comentado su status migratorio a un puñado de amigos solamente. Pero en las cinco semanas que estuvo presa, sus compañeras de estudio organizaron marchas para pedir su liberación, su caso recibió enorme publicidad y ella de repente pasó a ser un foco de atención de proyección nacional.

Se transformó en un reacio símbolo del debate en torno a una reforma de las leyes de inmigración, que enarbolan tanto quienes piden mano dura como quienes promueven la regularización de las personas sin papeles.

"Fue un caso hermoso e inquietante al mismo tiempo", declaró Georgina Pérez, quien fue traída a Estados Unidos ilegalmente de niña, igual que Colotl. "Cuando la dejaron salir, todos nos sentimos muy felices. Pero cuando vi cómo la emprendieron contra ella quienes están contra los inmigrantes, me asusté".

Los sectores que piden un trato más severo hacia los indocumentados dijeron en cartas a los editores y otras formas de denuncia que el sistema educativo de Georgia no debería permitir que personas sin papeles como Colotl cursen clases y que deberían ser deportadas.

"Creo que es muy injusto con los inmigrantes reales, que cumplieron con las leyes y vinieron legalmente", expresó D.A. King, fundador de Dustin Inman Society, que promueve mano dura con los indocumentados.

Colotl, una muchacha de tímida, de hablado suave, se lamenta de la situación en que se encuentra.

"No me gusta nada", declaró en alusión al interés que genera. "Nunca me gustó ser centro de atención, especialmente en un caso polémico".

Colotl, de 22 años, es una de cientos de miles de jóvenes que fueron traídos a Estados Unidos ilegalmente por sus padres, se criaron aquí y esperan ahora que el Congreso apruebe una ley que facilite la legalización de las personas como ellos.

Numerosos estudiantes indocumentados se han movilizado en todo el país en el último año, realizando acciones tendientes a publicitar sus casos y pedir que se tomen medidas. El mes pasado, Pérez y otros seis jóvenes sin papeles exigieron mayor acceso a una educación superior sentándose en una calle de Atlanta y bloqueando el tráfico hasta que la policía los detuvo.

A diferencia de los estudiantes que revelan su status migratorio voluntariamente, Colotl no lo hizo. Ella apoya sus movilizaciones, pero dice que los estudios le toman todo su tiempo y no tiene tiempo de participar.

"Conozco mucha gene en la comunidad que quisiera que participase más, pero es perfectamente comprensible que no quiera hacerlo con todo lo que ha sucedido", dijo Pérez.

El caso de Colotl generó denuncias de que las universidades estatales de Georgia están llenas de indocumentados que desplazan a residentes legales y de que los contribuyentes subsidian su educación. Sin embargo, un estudio de la junta directiva del sistema educativo universitario halló que menos del 1% de los estudiantes de colegios públicos de Georgia no tienen papeles y que los estudiantes que pagan matrículas altas, de no residentes --como los indocumentados--, cubren con creces los costos de su educación.

La junta implementó en octubre una nueva política por la que prohíbe la admisión de indocumentados por parte de instituciones que en los dos años previos hayan rechazado estudiantes con buenos antecedentes académicos. Algunos legisladores estatales intentaron ir más allá todavía y propusieron una ley que hubiera prohibido directamente la admisión de indocumentados, pero la iniciativa no prosperó.

King, quien apoyó firmemente esa propuesta, dijo que el año pasado hizo un planteo ante la junta directiva, en el que dijo que las personas como Colotl, traídas por sus padres cuando eran niños, generan solidaridad, pero que los responsables de su situación son los padres.

"Considero que Jessica Colotl debió haber sido deportada el año pasado y ser un ejemplo para todos los padres que traen descaradamente a sus hijos al país", expresó.

Los padres trajeron a Colotl de Puebla cuando la niña tenía 11 años. Ella hizo la secundaria en Georgia y luego fue a la universidad de Kennesaw State, en la que se graduaba el miércoles, con un diploma de ciencias políticas, con una concentración en estudios legales, y estudios complementarios (un "minor") en francés.

Casi no puede participar en la ceremonia de graduación ya que el permiso de un año que recibió expiraba la semana pasada. Sin embargo, fue extendido por otro año.

La muchacha planea estudiar derecho y especializarse en asuntos de inmigración.

Si bien no le gusta estar en el candelero, Colotl cree que sus padeceres tuvieron un impacto positivo.

"Tengo unos pocos amigos que estaban totalmente en contra de la inmigración de cualquier tipo y cuando vieron mi historia, cambiaron de parecer. Muchos me dijeron 'estábamos equivocados y te agradecemos el que nos hayas educado en torno a este tema''', relató.

También fue contactada por algunos estudiantes indocumentados de escuelas secundarias.

"Eso fue lo más agradable de todo, que otros estudiantes vean esta batalla como algo que los motiva a seguir luchando y a cursar estudios superiores", expresó.

Colotl no lamenta que sus padres la hayan traído ilegalmente.

"Jamás los increparía por haber tratado de darme una vida mejor", manifestó.