Newt Gingrich aspira a la presidencia por el Partido Republicano.

El ex presidente de la Cámara de Representantes anunció sus intenciones el lunes en las redes sociales Twitter y Facebook, y exhortó a sus seguidores a sintonizar Fox News el miércoles.

"Yo voy a comparecer para hablar de mi candidatura a la presidencia de Estados Unidos", dijo Gingrich tras pasarse un año o más estableciendo públicamente las bases de su campaña. "Me siento honrado por todo el aliento que ustedes me han dado para que me postule".

El anuncio no fue sorpresivo. Gingrich ha pasado meses recaudando dinero, preparando un equipo de campaña y visitando estados que celebran elecciones primarias tempranas. Además, abrió oficinas de campaña en Atlanta, y es uno de los oradores que participarán en la Convención del Partido Republicano de Georgia el viernes en Macon. Sus asistentes dijeron que ése será su primer discurso como candidato.

Gingrich, de 67 años, ingresa a un campo de candidatos republicanos que no está completamente formado. No menos de una decena de miembros del partido están sopesando lanzar candidaturas y apenas unos pocos han dado pasos concretos en ese sentido. Es un grupo de aspirantes que tiene a muchos en el partido deseando más opciones en su busca por un candidato fuerte para derrotar al presidente Barack Obama en el 2012.

Además de su prominencia pública, Gingrich trae a la campaña una serie de ideas políticas, una red de respaldo de base y una maquinaria política bien engrasada por años de experiencia. Pero su pasado personal — está en su tercer matrimonio — pudiera reducir sus posibilidades de atraer a los conservadores que forman el corazón del electorado republicano en las primarias.

Su ingreso a la contienda marca un intento por regresar luego de más de un decenio de haber dejado el Congreso.

El veterano político guió al Partido Republicano a su primera mayoría en la cámara baja en 40 años, desatando la llamada "revolución republicana" en 1994.

Una vez en el puesto, desafió al presidente Bill Clinton en cada oportunidad que tuvo. Una lucha sobre gastos entre los dos llevó a una parálisis del gobierno federal en 1995 y 1996, y Gingrich vio su popularidad declinar considerablemente.

Además, fue acusado de hipocresía tras revelarse que tenía una relación extramarital con una asistente del Congreso al mismo tiempo en que estaba criticando a Clinton por su relación con la pasante Monica Lewinsky.