Osama bin Laden representó la encarnación del mal durante casi una década para Estados Unidos, y su aniquilamiento suscitó tranquilidad, orgullo e incluso júbilo entre los cristianos, judíos y musulmanes del país.

Sin embargo, los dirigentes de estas comunidades religiosas a veces tienen dificultades para pronunciarse sobre el suceso.

Existe al menos cierta discordancia entre los valores que predican y las exaltaciones de triunfo que hubo en las calles de Nueva York y Washington por la muerte de un ser humano, aun si éste fue responsable de la muerte de miles de personas en ambas ciudades y otras partes del mundo.

El sacerdote católico Bill Kelly se dijo atónito de algunas de las celebraciones porque advertía en ellas sed de sangre. Los cristianos deberían regocijarse de que se hizo justicia, no de la destrucción de un ser humano, apuntó. El reverendo Kelly pertenece a la iglesia de Santa María de la Asunción en Dedham, Massachusetts, cerca de Boston.

Al mismo tiempo, la reacción emocional es comprensible, aseguró.

"Fueron 10 años de ira, dolor, frustración, todo esto reprimido, en especial aquí en la zona de Boston porque los crímenes dieron inicio aquí", dijo Kelly en referencia a los dos aviones que despegaron de Boston y que se estrellaron después contra los edificios del Centro de Comercio Mundial el 11 de septiembre del 2001. "Todos conocemos personas que perdieron a otras personas".

Kelly dijo que el problema sobreviene cuando "el odio y la venganza es el dejo" de la reacción ante la muerte del jefe terrorista.

Algunos dirigentes religiosos habían considerado no abundar sobre la aniquilación de bin Laden durante sus servicios. En contraste, el reverendo David Howard aprobó el suceso a viva voz — en sentido figurado — afuera de las puertas de su iglesia en Virginia Beach.

"OSAMA BIN LADEN, SATAN Y LA VICTORIA FINAL DE JESUS", decía un letrero afuera de la Iglesia Bautista Brook que anunciaba el próximo sermón de Howard.

En su sermón, el cual comenzó a escribir horas después de que se enterara de que un comando de élite estadounidense había matado al líder de al-Qaida, Howard se refirió a bin Laden como un instrumento de Satán sobre el que obró la justicia con la asistencia de la gracia de Dios.