Los escándalos siguen acosando a los uniformados colombianos. El ministro de Defensa, Rodrigo Rivera, informó el viernes que el director de un club militar renunció a su cargo en coincidencia con una auditoria que encontró inconsistencias en la contabilidad de la entidad.

El general retirado del ejército Ismael Silva renunció a la dirección del club en Bogotá, cargo en el que estuvo nueve años. Hasta ahora no hay cargos formales en su contra.

El club castrense, uno de los tres que existen en el país, es una entidad que depende directamente del Ministerio de la Defensa y su presupuesto anual es de cerca de unos 30.000 millones de pesos (unos 16 millones de pesos), al que colaboran con aportes mensuales sus 27.000 afiliados, todos suboficiales y oficiales militares y de la policía.

"Queremos decirle al país que la transparencia y la eficiencia en los manejos de los recursos del sector defensa son la prioridad para esta gestión", dijo Rivera el viernes en rueda de prensa en el Ministerio.

Dijo que la renuncia del brigadier general Silva "ha coincidido" con la investigación.

La auditoría interna se inició en enero por cuenta del Ministerio y encontró "falta de liquidez" del club, así como fallas de control en gestión y gastos y contratación de servicios.

El ministro declinó revelar cuánto dinero pudo haberse perdido y negó versiones de la prensa local en torno a que la instalación estaba quebrada.

"Ante esta situación, hemos aceptado la renuncia del director del club", dijo Rivera.

El ministro aseguró que el club "seguirá operando", que su despacho reportó las inconsistencias a la Fiscalía General, la Procuraduría y la Contraloría General y que las "responsabilidades personales tendrán que ser establecidas por las autoridades competentes".

El club posee tres sedes en el centro del país y es un lugar de descanso para miembros activos o retirados de las Fuerzas Armadas colombianos.

El caso del club es el más reciente de una seguidilla de escándalos como el surgido a inicios de abril pasado, cuando medios de prensa denunciaron que militares presos, por distintos delitos como homicidio, en Tolemaida, una vasta base militar del centro del país, vivían en cuartos con televisores de pantalla plana, teléfonos celulares, muebles, refrigeradores, y aire acondicionado, entre otras comodidades.