Los "efectos especiales" del teatro del Barroco español, aquellos artilugios que imitaban los sonidos de la naturaleza creando un mundo de sugerencias para el espectador, aterrizan hoy en Santiago de Chile en la exposición "El escenario de la ilusión".

Máquinas de viento, artefactos que reproducen los rugidos de las tormentas o del mar embravecido, o candeleros que oscurecen al completo el escenario, son algunos de los ingenios guardados celosamente por los tramoyistas de la época que ahora se exhiben en el Centro Cultural Gabriela Mistral.

La exposición, que cuenta con máquinas reproducidas a escala real -tal cual se confeccionaban en el teatro de los siglos XVI, XVII y XVIII- está estructurada en tres grandes bloques temáticos: sonido, luz e ingeniería.

"Las tres partes tratan de dar una visión de lo que el espectador no veía, ni ve ahora, cuando va al teatro. Hemos dado un salto al pasado y hemos recuperado las máquinas que tienen un carácter técnico, tecnológicamente evidentemente, pero sobre todo poético", explicó a Efe Juan Sanz, comisario de la exposición.

Cada una de las piezas teatrales se acompañan de paneles explicativos en los que se detallan datos técnicos de las máquinas, y donde se muestran, además, fragmentos de las obras de autores del teatro español de la época, entre otros, Lope de Vega, Calderón de la Barca o Miguel de Cervantes.

Entre los objetivos de la muestra se encuentra la idea de mostrar "la gran máquina del teatro" del Barroco español, aquella que para reproducir una tormenta en el escenario hacía funcionar los rodillos de las olas mientras arrastraba y hacía girar las manivelas de la máquina del viento o de la tabla de truenos.

"La idea es reivindicar que el teatro tenga su espacio propio, en el que prime la sugerencia, la imaginación, y donde el espectador se convierta en una persona activa, que cree su mundo a partir de las palabras del actor y de las sugerencias sonoras y visuales que recibe en directo", precisó el comisario de la exposición.

Se trata de permitir que el espectador "sienta el teatro", y descubra como la técnica se coloca al servicio de la poética. Un teatro que, por otro lado, y como aseveró Sanz, no cambió sustancialmente sus técnicas escénicas hasta bien entrado el siglo XX.

"El teatro casi nunca cambia. Es un espectáculo en directo que estimula los sentidos y que te da la capacidad de transportarte con tu imaginación. Por eso si se acercan (a la muestra), y cierran un poco los ojos, podrán trasladarse hasta aquella época", sugirió Sanz.