Un atacante suicida estrelló el jueves un automóvil contra una barrera de protección de una estación policial al sur de Bagdad, matando a 18 policías y causando decenas de heridos, dijo un concejal local.

Se trata de la segunda explosión de grandes proporciones en Irak desde la muerte de Osama bin Laden el lunes a manos de un comando naval de elite estadounidense en Pakistán. Los iraquíes esperaban bajo tensión la represalia de los seguidores de una rama de al Qaida en Irak como una manera de demostrar que siguen siendo peligrosos.

Las autoridades de seguridad iraquíes intensificaron sus medidas de prevención como consecuencia de la eliminación de bin Laden.

Un oficial de policía dijo que el suicida atacó el jueves durante el cambio de guardia en la ciudad de Hila, 95 kilómetros (60 millas) al sur de la capital iraquí. La mayoría de muertos y heridos eran policías, indicó. Agregó que el impacto de la explosión derribó la barrera de concreto que rodeaba el edificio.

Un miembro del concejo municipal de Hila, Mahmoud al-Murshidi, que hizo declaraciones a The Associated Press desde un hospital, dijo que 18 murieron y 43 personas estaban heridas a causa de la explosión. Indicó que todas las víctimas eran policías.

Un testigo dijo en el lugar que la explosión derribó una muralla de concreto que cubría una playa de estacionamiento donde estaban situados los vehículos policiales.

Otros funcionarios dieron declaraciones a condición de mantenerse anónimos debido a carecer de autorización para hablar con los medios noticiosos.

Hila es una ciudad habitada por una mayoría chiíta pero está cerca del conocido Triángulo de la Muerte, una área sunita que llegó a ser la más peligrosa del país que se ha convertido en objetivo frecuente de extremistas sunitas.

Nadie se atribuyó de inmediato la responsabilidad del ataque del jueves, pero extremistas del grupo al Qaida en Irak a menudo tratan de atacar a las fuerzas iraquíes como una manera de socavar la seguridad en el país.

El martes, un cochebomba destruyó un café de Bagdada colmado de jóvenes que miraba un partido de fútbol por televisión y mató a por lo menos 16 de ellos.

Muchos de los muertos y heridos eran gente joven. El ataque ocurrió en Dora, un vecindario de mayoría chiíta otrora habitado por insurgentes, situado al suroeste de Bagdad. Esta área fue escenario de los más fieros combates durante el conflicto de Irak.

Nadie se adjudicó la culpabilidad del ataque, pero los insurgentes sunitas a menudo atacan a los chiítas a quienes no consideran musulmanes legítimos dentro de una tendencia para incitar violencia sectaria.