Si alguien se pregunta cómo es que los peruanos tendrán que optar entre Ollanta Humala --un ex militar allegado a Hugo Chávez-- y Keiko Fujimori --la hija de un ex presidente hoy preso-- en la segunda ronda de las elecciones presidenciales, la respuesta podría buscarla en el Palacio de Gobierno.

Buena parte de la responsabilidad es atribuible al presidente Alan García, un viejo zorro de la política, que estaría tramando un retorno al poder en el 2016.

"Quiere regresar (a la presidencia) porque su vida es la política y le encanta el poder. Además cree que es todopoderoso, que puede hacer lo que quiere", dijo a The Associated Press el sociólogo y analista político Fernando Rospigliosi.

Muchos analistas señalan que García maquinó las cosas de una manera que no permitió que ninguno de los candidatos más centristas pudieran pasar a la segunda vuelta del 5 de junio y ayudó a preparar un escenario en el que los peruanos se ven obligados a elegir entre "el sida y un cáncer terminal", según la descripción que hizo el premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa.

Rospigliosi y otros observadores dicen que el mandatario, de 61 años, ha trabajado silenciosamente con miras a su retorno al poder desde que empezara el proceso electoral. Señalan que alimentó las divisiones entre los tres candidatos de centro para evitar que surgiese uno capaz de arrastrar el voto de ese bloque.

El mandatario, según un cable diplomático estadounidense filtrado por WikiLeaks y difundido en diciembre, posee un "ego colosal".

El informe diplomático describía a García como un "maestro de la política" que ha logrado sobrevivir propiciando enfrentamientos entre sus rivales y "minando con cálculo frío las bases políticas de potenciales competidores".

En 2009, García se jactó en una reunión pública con banqueros latinoamericanos de que como presidente podía impedir que llegara a la presidencia "quien él no quiere".

Y en sucesivas declaraciones dirigidas a los inversionistas, García aseguró que en el 2011 jamás prosperaría una opción de izquierda que significara un cambio del modelo económico neoliberal vigente aplicado con éxito en Perú en el último decenio.

Dos de cada tres peruanos respaldaron la continuidad del modelo en los comicios del 10 de abril, pero el resto votó por Humala, quien con sus promesas de redistribuir la riqueza en beneficio del 34% de peruanos pobres existente resultó el más votado con el 31,6% de sufragios válidos.

En las elecciones del 2006, en las que terminó segundo, Humala expresó numerosas coincidencias con los planteos izquierdistas de Chávez, pero en esta ocasión ha tomado cierta distancia del mandatario venezolano. La posibilidad de que siga los pasos de Chávez, no obstante, inquieta a muchos peruanos.

Keiko Fujimori, en tanto, es hija del ex presidente Alberto Fujimori, quien cumple una condena a 25 años de prisión por corrupción y por autorizar el funcionamiento de escuadrones de la muerte durante su gestión.

García, quien a través de su vocero declinó conceder una entrevista para este artículo, respondió "no" cuando en una reciente entrevista televisiva fue consultado respecto de si postulará nuevamente a la presidencia en 2016.

El mandatario encarna para muchos una clase gobernante corrupta solo interesada en incrementar su riqueza. Desde el gobierno abrió el país a las inversiones extranjeras mediante la venta indiscriminada de los recursos naturales, especialmente en la selva amazónica.

Imposibilitado de postularse a la presidencia por estar prohibida la reelección inmediata, García apoyó al ex alcalde de Lima Luis Castañeda.

En ese entonces, Humala era un líder opaco de la oposición, que había perdido buena parte del respaldo que obtuvo en las elecciones del 2006, cuando fue derrotado en la segunda vuelta por García, y se ubicaba en un modesto cuarto lugar en las preferencias electorales.

Pero la candidatura de Castañeda perdió bríos y el ex presidente Alejandro Toledo empezó a liderar los sondeos.

García consideró a Toledo un rival que debía sacar del medio.

"(García) Suponía que Toledo podía poner obstáculos a su reelección en el 2016, y también porque le tiene animadversión", dijo Rospigliosi.

"No solamente porque Toledo lo derrotó en 2001 sino porque Toledo se alió a un enemigo de Alan García, que es Fernando Olivera", comentó el analista en alusión a un enemigo acérrimo de García durante su primer gobierno, que sacó a la luz varias incómodas denuncias sobre corrupción en su gestión.

Como favorito, Toledo fue blanco de los ataques de sus adversarios y también de Palacio de Gobierno, desde donde le asestaron golpes muy fuertes.

Debió soportar denuncias periodísticas sin sustento que insinuaban que tenía vínculos con el narcotráfico y la publicación de facturas de las compras de whisky de Palacio de Gobierno durante su gestión, para recordar al electorado algunas de las acusaciones de frivolidad que soportó en su mandato.

Toledo acusó a García de estar detrás de los ataques. A tres semanas de los comicios Toledo inició una progresiva caída en las preferencias hasta terminar en cuarto lugar en la elección presidencial.

La demolición de su candidatura hizo que los votos con los que contaba en los sectores bajos migraran hacia Humala, y los votos de los sectores altos hacia el economista liberal Pedro Pablo Kuczynski, quien fue su ministro de Economía.

Con el ascenso inesperado de Humala, y la caída de Castañeda, García trasladó sus preferencias a Kuczynski, un economista de 72 años que trabajó para el Banco Mundial.

Kuczynski tenía el respaldo mayoritario de los sectores altos y de grandes grupos económicos, y su despunte en el escenario electoral fue estimulada desde Palacio, según la analista Giovanna Peñaflor, directora de la encuestadora Imasen.

Peñaflor dijo que el entorno de García le hizo creer a Kuczynski que podía tener un papel muy importante en el proceso electoral. Kuczynski quedó tercero en la votación.

"Y claro que lo tuvo, pero a costa de otras dos opciones (Toledo y Castañeda), cuando en realidad estas tres pudieron ir unidas y haber pasado a una segunda vuelta probablemente", opinó Peñaflor.

La división del sector de centro-derecha, representado por Toledo, Kuczynski y Castañeda, significó su irremediable derrota en las urnas, y el pase a la segunda vuelta de Humala y Keiko Fujimori.

García ya está jugando una nueva carta.

En recientes declaraciones expresó un velado apoyo a Keiko, al decir que el país deberá escoger entre "un cambio radical del modelo económico (aludiendo a Humala) o solamente un mejoramiento social que ponga el acelerador en algunas cosas".

Keiko no le resultaría incómoda para sus planes de retornar en 2016, particularmente si se toma en cuenta que García gobernó los últimos cinco años con el apoyo en el Congreso de la bancada fujimorista.

Un gobierno de Humala sería peligroso para sus planes, puesto que una de las banderas del nacionalista es la lucha contra la corrupción, algo que ensombreció el segundo gobierno de García. Humala ha prometido castigar ejemplarmente a los funcionarios corruptos con la cárcel y la inhabilitación de por vida para el ejercicio de cargos públicos.

García enfrentó en 2008 un sonado caso de corrupción del más alto nivel. En octubre de ese año, la prensa difundió grabaciones de conversaciones telefónicas entre un ex militante del partido de gobierno y un ex funcionario de una empresa estatal petrolera sobre presuntos negociados en la licitación de lotes petrolíferos.

El gabinete en pleno renunció, en tanto el jefe de gabinete y el secretario general de Palacio estuvieron involucrados en otros sospechosos audios.

Pero las investigaciones se vieron perjudicadas por la pérdida de algunas pruebas durante el tránsito del material entre la policía y la Fiscalía.

Keiko, por su parte, se ve salpicada un poco por las denuncias de corrupción que llovieron sobre el gobierno autoritario de su padre.

¿Logrará García su objetivo de ser el primer presidente peruano en ejercer el poder tres veces?

Todo parece probable en el camino del mandatario.

Su primer gobierno (1985-1990) significó un desastre económico para Perú. Transformó al país en un paria internacional al declarar la moratoria del pago de la deuda externa, exhortando a otros países a hacer lo mismo.

Cuando dejó el poder, Perú se hallaba sumido en la violencia política y el caos económico, con una hiperinflación de alrededor de 3.000 puntos porcentuales.

Después de nueve años en el exilio para evadir cargos de enriquecimiento ilícito en su contra, García volvió a Perú en 2001 con la intención de ser nuevamente presidente, y lo consiguió en 2006.

"Había hecho un gobierno desastroso, muy corrupto, y sin embargo pudo volver a ganar una elección. Entonces se cree omnipotente, todopoderoso... porque a pesar de ese gobierno desastroso que hizo, pudo regresar", señaló Rospigliosi.

La sensación de García de ser un líder predestinado data de 1985, cuando con solo 35 años de edad --la misma edad que tiene Keiko Fujimori-- se convirtió en el presidente más joven que ha tenido el país, y consiguió llevar al poder a su partido, el APRA, tras más de 50 años de infructuosa lucha.

El cable estadounidense de WikiLeaks señala que García "vive y respira política".

"Es un político puro, en el sentido que nunca ha hecho nada más que el trabajo de un candidato o de presidente, y eso es todo lo que sabe hacer", apuntó.

El experto en ciencia política de la Universidad de Harvard Steven Levitsky, quien temporalmente trabaja y vive en Lima, dijo que, comparados con García, los actuales candidatos a la presidencia "son verdaderamente unos aficionados".

"Cuando él hace campaña --como la hizo en 1985, 2001, y 2006-- es como tener a la selección de fútbol de Brasil contra el equipo de una escuela secundaria. Hombres contra niños", comentó.

"El hombre sabe cómo hacer política", señaló.

Su popularidad en estos momentos no es alta, aunque remontó un poco. En marzo, antes de la primera vuelta, era del 26%, según la consultora Apoyo. Este mes subió a 32%.

Si se postulase en el 2016, no se puede descartar que vuelva a enfrentarse a Humala, a quien García derrotó por 53% contra 47% en la segunda ronda de las elecciones de 2006. Si bien el ex militar ha dicho que respetará el principio de la no reelección, también sostuvo que considera necesario cambiar la Constitucion.

Y si se embarca en ese camino, habrá que ver si decide incorporar la posibilidad de la reelección, como hicieron Chávez en Venezuela y Evo Morales en Bolivia.

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Colaboró con esta información el periodista dep AP Frank Bajak.