Casi 10 años después de que la empresa eléctrica más importante de Japón le aseguró al gobierno que su planta nuclear de Fukushima estaba a salvo de cualquier tsunami, las autoridades apenas trataron de verificarlo. Hicieron demasiado poco y demasiado tarde.

Incluso si hubiese habido algo de escrutinio años antes de que la furia de una ola impulsada por el terremoto del 11 de marzo inundara los seis reactores atómicos en Fukushima, es casi seguro que el gobierno no habría puesto en duda el análisis poco realista que entregó Tokyo Electric Power Co. (Tepco) en 2001.

Una revisión de The Associated Press sobre el enfoque del gobierno a las medidas de seguridad de las centrales nucleares muestra relaciones muy estrechas entre los organismos reguladores y la industria, lo que permitió que prevaleciera la complacencia.

Los reguladores simplemente no creyeron que su papel fuese analizar los datos en bruto y los modelos informáticos provistos por la empresa eléctrica para juzgar por sí mismos si la planta estaba lo suficientemente protegida para soportar un tsunami.

La política oficial se resumió a confiar en Tepco, la operadora de la planta, y no preocuparse de verificar sus cuentas o su lógica.

Este tipo de complicidad pasiva no es particular de los burócratas del Ministerio de Economía, Comercio e Industria. La dependencia tiene múltiples funciones, algunas de las cuales parecen tener objetivos contradictorios. El ministerio se encarga de promocionar los beneficios de la energía nuclear, vender tecnología japonesa a otros países y regular la seguridad nacional de las centrales nucleares.

Hasta enero, fue dirigida por un ex ingeniero del departamento de diseño de plantas nucleares de Hitachi Ltd.

Ese conflicto del ministerio, de ser promotor y regulador, hace del Japón un país poco común entre los países productores de energía nuclear.

Estados Unidos dividió esas dos funciones hace casi cuatro décadas, con la clausura de la Comisión de Energía Atómica, y ahora el Departamento de Energía de Estados Unidos promueve la energía nuclear, mientras que la Comisión de Regulación Nuclear se encarga de la seguridad. Francia separó las dos funciones hace varios años, al retirar su organismo de regulación nuclear de la burocracia y volverlo una autoridad independiente.

En Japón, donde hasta hace poco tiempo hubo un gobierno dominado por un partido que tuvo nexos cercanos con las industrias principales, las empresas eléctricas que operan las centrales nucleares han disfrutado de acceso directo con los reguladores.

En Japón, la "puerta giratoria" que comunica al gobierno y la industria nuclear gira libremente.

Hay una práctica conocida en japonés como amakudari, que se traduce como "descenso del cielo", bajo la cual los altos funcionarios del gobierno cerca de su retiro consiguen trabajo dentro de las industrias que regularon. A su vez, altos funcionarios del sector obtienen puestos clave en paneles consultivos del gobierno que diseñan las políticas. Las promesas hechas antes del tsunami para tomar medidas enérgicas contra la práctica del amakudari aún no se han cumplido.

The Associated Press examinó los lazos comerciales e institucionales de 95 personas que actualmente ocupan puestos en tres principales organismos reguladores nucleares, ya sea como burócratas o como miembros de paneles de asesoramiento que diseñan políticas.

En general, 26 de ellos se han afiliado ya sea con la industria o con los grupos que promueven la energía nuclear, por lo general con fondos del gobierno. AP también encontró 24 personas que tuvieron puestos en los tres organismos reguladores, un tercio de los cuales tenían conexiones con la industria o con grupos pro nucleares.

Nadie ilustra "puerta giratoria" entre empresas y el gobierno mejor que Tokio Kano, quien entró a trabajar en Tepco en 1957. Kano llegó a encabezar la unidad nuclear de la empresa de servicios públicos en 1989. En 1998 entró al Parlamento de Japón como candidato para un puesto entregado al grupo de cabildeo empresarial más grande de la nación.

Durante su paso por el parlamento, Kano ayudó a reescribir la política nacional que consagró la energía nuclear como el futuro de Japón.

Después de dos períodos de seis años, Kano regresó en julio a Tepco como asesor. La empresa se negó a que ofreciera una entrevista a The Associated Press.

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Pritchard reportó desde Los Angeles. Los periodistas de The Associated Press Troy Thibodeaux en Nueva Orleans y los investigadores de AP Barbara Sambriski en Nueva York y Julie Reed en Charlotte, Carolina del Norte, contribuyeron a este despacho.