La vanguardia marginal del arte contemporáneo encarnada por creadores alejados del dictado comercial y el arte popular derivado del cine, el cómic o la ciencia ficción, se mezclan en la última muestra del museo Halle Saint Pierre, que se reivindica como el espacio más experimental y precursor de París.

Ese espléndido enclave consagrado al arte bruto y singular y situado en las faldas de Montmartre, a orillas de la iglesia del Sacre Coeur, se detiene en esa "nebulosa compleja y plural que es la cultura popular" a través de la peculiar exposición "HEY! Modern art et pop culture II", que puede visitarse hasta el próximo 23 de agosto.

Alienígenas crucificados, esqueletos copulando, pieles tatuadas, racimos de manos que se convierten en ángeles alados, surrealismo revisitado, nuevas miradas inspiradas en el arte primitivo africano, referencias cinematográficas con travestidos soldados del imperio de la guerra de las Galaias... todo ello con una inclinación por las obras de gran formato.

La muestra reúne a cerca de sesenta maestros "suficientemente locos como para ignorar la censura" y "suficientemente libres para llevarnos a tierras desbrozadas, a calculada distancia de una cultura hegemónica, industrial y comercial, construida con el objetivo de divertir al planeta", explica la directora del museo, Martine Lusardy.

Se trata de un irreverente recorrido artístico concebido en total libertad por Anne & Julien, un tándem galeristas, artistas y DJ's que fundaron y editan la revista de arte HEY, y cuyo único dogma es "dar la palabra al artista".

"Hemos provocado un hermoso cataclismo con una exposición llena de frescor, de energía positiva y de colores que albergan esperanza", explicó Anne en la inauguración de la muestra, continuación de una primera entrega que el año pasado atrajo a 60.000 visitantes al mismo espacio cultural.

Entre el elenco de artistas programados, esencialmente estadounidenses como Kate Clark, Mike Davis o Charles Krafft, y franceses como Beb-Deum, Moolinex o Paul Toupet, se cuentan creadores mexicanos como Renato Garza Cervera, taiwaneses como Mu Pan, portugueses como Mario Chichorro, holandeses como Handiean o japoneses como Haroshi.

En dos ejes, con una primera galería en penumbra y un segundo espacio elevado e iluminado con luz natural, la exposición se revela como "la caja de resonancia del arte urbano, pop y 'outsider'" que puede resumirse como "una habitación de curiosidades del siglo XXI", explican los organizadores.

Un viaje descarnado y ecléctico a las profundidades de un universo inexplorado representado por monos que veneran a un árbol que se desangra, personajes con esvásticas tatuadas en la frente o decenas de muñecos clonados del Capitán América, Alien o Ronald McDonalds enclaustrados en vitrinas de cristal.

Si la estética no deja indiferente al visitante, tampoco la temática se alinea con materias convencionales. Aunque beben de fuentes ya exploradas en la historia del arte, las 330 obras abordan aspectos como la muerte, la sexualidad, las adicciones, las creencias fraudulentas, la mutilación del cuerpo o la relación entre seres humanos y animales.

Se trata de "grabar todos los ruidos, esos resplandores de voces individuales o colectivas que la cultura dominante ha ignorado o deformado durante mucho tiempo", añade la directora del centro, que encuentra el germen de la creación contemporánea de las obras expuestas en la vanguardia europea y la contracultura estadounidense.

"Somos buscadores de tesoros. Sabemos que nuestro botín no logrará la unanimidad No rechazamos lo clásico, no denigramos lo reconocido ni prohibimos lo desconocido.

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Por Javier Albisu