Los vagones de metro en funcionamiento más antiguos del mundo, fabricados en Brujas (Bélgica) hace cien años, se despiden hoy del subsuelo de Buenos Aires después de que el Gobierno municipal haya decidido jubilarlos sin aclarar cuál será el destino de este patrimonio cultural.

Los históricos vagones La Brugeoise empezaron a rodar el 1 de diciembre de 1913, cuando la capital argentina, decidida a imitar a París, inauguró la línea A de metro, la primera de Suramérica y la decimotercera mundial.

Las renqueantes formaciones, que conservan los bancos de madera originales, los viejos espejos y las lámparas de tulipa, se han ganado el cariño de los millones de pasajeros que las han usado a diario durante décadas y ven con tristeza su desaparición.

"Voy a extrañarlo, me da mucha pena. Este es quizás el último viaje que voy a hacer después de usarlo 30 años. Hay cosas que no son viejas, son antiguas y merecen ser adaptadas para conservar el patrimonio", declaró a Efe Norma Vázquez, una pasajera de 65 años.

La Red del Patrimonio, integrada por medio centenar de ONG, aspira a que la UNESCO declare Patrimonio de la Humanidad a "las Brujas", como son conocidas popularmente las centenarias unidades.

El colectivo argumenta que los vagones de Buenos Aires son los más antiguos del mundo que prestan un servicio regular, ya que los de la línea 1 de Budapest, que datan de 1986, sólo realizan recorridos turísticos.

"No queremos que pase como con los tranvías de la ciudad, que los sacaron de servicio y nadie sabe a dónde fueron a parar", advirtió Mónica Capano, integrante de la Red del Patrimonio.

Incluso la presidenta argentina, Cristina Fernández, pidió este jueves que se haga lo posible para "refaccionarlos", ya que se trata de un "importante patrimonio cultural".

Hace unas semanas, el número dos del Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, sugirió que los coches "podrían servir para un asado" y aunque el comentario fue pronunciado con ironía, trajo a la mente de los conservacionistas bochornosos antecedentes.

"Esperemos que no pase como con los adoquines, que desaparecieron de San Telmo y hoy están en los countries (barrios cerrados). Ni como con el piso (suelo) de parquet del Teatro Colón, que tuvimos que hacer una denuncia penal para que apareciera", dijo la legisladora opositora María José Lubertino.

Los vecinos del antiguo barrio de San Telmo opusieron una fuerte resistencia a la retirada de los adoquines en 2008 y los porteños se indignaron al descubrir que parte del parquet del Teatro Colón, que había sido retirado en 2011 para su restauración, se convirtió en regalos empresariales.

La Justicia rechazó hoy un recurso de amparo presentado por Lubertino contra el cierre de la línea A, pero aún no se pronunció sobre un segundo recurso, presentado por el también opositor Alejandro Bodart.

De rechazarlo, el Gobierno contará con autorización judicial para detener el servicio de línea A durante 56 días, a partir del sábado, durante los que la concesionaria sustituirá los vagones centenarios por nuevas formaciones fabricadas en China.

El alcalde de Buenos Aires, el conservador Mauricio Macri, ha insistido en que la modernización es inaplazable y que cuando finalice los pasajeros "viajarán mejor y con más seguridad".

"Por una cuestión de seguridad me parece bien, son vagones de cien años y algunos están en estado deplorable", subrayó Rubén Araóz, pasajero de 49 años, aunque sugirió que se reconvirtiesen en un "tren turístico".

La percepción de inseguridad no está fundamentada, según Capano, porque "tienen el menor índice de daños de la red, sólo 19 averías cada 100.000 kilómetros; no sufrieron incendios y en caso de colisión, como pesan la cuarta parte de un coche de otro tipo, provocan menos consecuencias".

El español Javier Fernández, que dirigió el análisis encargado por la concesionaria Metrovías al Metro de Madrid, expresó que "se confunde antigüedad con inseguridad", mientras que los trabajadores del taller El Polvorín, responsables de mantener y reparar las viejas unidades desde hace tres generaciones, creen que los vagones podrían andar aún "cien años más". Mar Centenera