El año de 2012, en el que se conmemora el centenario del Protectorado franco-español sobre Marruecos, ha pasado sin pena ni gloria en el país magrebí, a excepción de algunas iniciativas académicas, pese a que es considerada una fecha crucial en la historia de la nación.

El Protectorado, que se extendió entre 1912 y 1956 (fecha de la independencia), significó para Marruecos la partición entre un norte empobrecido, administrado por España, y un centro-sur conocido como "el Marruecos útil" bajo dominio francés.

Se suele considerar el Protectorado como la versión más "amable" del colonialismo, dado que no tuvo los niveles de violencia de la vecina Argelia, también colonizada por Francia pero con un régimen de pura ocupación; en Marruecos, por el contrario, se mantuvo la ficción de una colonización "pactada" y se mantuvo en el trono la dinastía alauí.

Para el historiador marroquí Mustafa Buaziz, uno de los fundadores de la revista pionera en la divulgación histórica "Zamane", el Protectorado "trajo al país el modernismo, entendido en su aspecto material: tecnología, comunicaciones, urbanismo e infraestructuras".

Sin embargo -matiza- "no trajo modernidad, es decir, un cambio en las mentalidades" y una concepción del Estado como contrato social, con una legitimidad que emane del pueblo, una educación universal y el sentido de una ciudadanía que goce de igualdad de oportunidades.

Es más -puntualiza-, el Protectorado ha significado en gran medida "un retraso de la modernidad, por ser ésta identificada con el ocupante", lo que paradójicamente significó un paso atrás en el proceso de secularización del Estado.

Los colonizadores de Marruecos, y en especial los franceses, no cambiaron la relación de fuerzas en el país, pero sí desplazaron la hegemonía, que pasó de ser religiosa, en manos de un Sultán, a ser política, en manos de un Rey, aunque en ambos casos se tratase de la misma persona.

Buaziz admite que el juicio de los historiadores marroquíes sobre esa época es forzosamente "ambiguo", pues por un lado reconocen "las luces" (la racionalidad) que trajo la colonización, traducida en una nueva apertura del país hacia la ciencia, ya que les "enseñaron a reflexionar".

Pero por otro lado, esta imposición de la racionalidad desde la metrópoli se hizo con un costo muy alto: "El vasallaje de todo un pueblo y la consideración de éste como menor de edad, que necesita la tutela (de un mayor), lo cual es muy humillante".

De todas formas, el historiador matiza que hubo diferencias de peso entre el colonialismo ejercido por España y por Francia, en la medida en que los españoles -según él- carecían de una clase empresarial potente que necesitara nuevos horizontes de expansión.

España optó por un imperialismo "de carácter más militar", y hasta el mismo Abdelkrim (el caudillo nacionalista rifeño) recriminó a aquella España que no hubiera ejercido un proyecto de explotación económica de su zona que hubiera supuesto al menos la creación de puestos de trabajo y de vías de comunicación para los rifeños.

El historiador español Bernabé López García también considera que hubo grandes diferencias entre los dos países que impusieron el Protectorado: España trató de "conservar en formol" la parte de Marruecos que le tocó administrar, sin cargar contra el "arcaísmo" de aquella sociedad, lo que explica en parte el conservadurismo que todavía se detecta en el ex Marruecos español.

Pero al mismo tiempo, la ocupación española fue muy tolerante con la expresión del naciente nacionalismo marroquí, y no solo dio cargos a los líderes nacionalistas norteños, sino que no dudó en dar cobijo a los luchadores antifranceses llegados del sur del Protectorado.

En general, López García cree que el Protectorado supuso ante todo "una intervención muy egoísta de las potencias", que se tradujo en "un proceso acelerado de abandono del arcaísmo y de incorporación al mundo capitalista", y esto último se tradujo -reconoce en el capítulo de logros- en un desarrollo inédito en regiones como la atlántica.

El profesor español comprende que un país como Marruecos no quiera conmemorar "un hecho luctuoso" como es el inicio de la abierta ocupación europea, pero lamenta que se haya desaprovechado la ocasión para echar la vista atrás y reflexionar sobre la vida del país y su identidad.

De todas formas -concluye- cien años después "Francia sigue manteniéndose como potencia en Marruecos; finalmente no salieron tan mal parados de su experiencia", en alusión al enorme peso que los intereses franceses aún tienen en el país magrebí.

HASH(0x8963124)

Javier Otazu y Fátima Zohra Bouaziz.