Es una experiencia capaz de descomponer a una persona, ver bailarines tribales encadenados siguiendo las órdenes de un hombre blanco, o a mujeres africanas despojadas y fotografiadas para saciar la curiosidad europea.

Hasta hace apenas algunas generaciones, así fue como los blancos aprendieron sobre aquellos de piel distinta. Una nueva exposición parisina examina cómo durante siglos colonizadores arrancaron aldeanos de Africa, las Américas o el Pacífico Sur y los pusieron en exhibición al otro lado del mundo, en una degradante tradición que dio forma a actitudes discriminatorias que hoy persisten.

El curador Lilian Thuram, otrora astro del fútbol y activista contra el racismo, espera que la muestra en el Museo Quai Branly ayude a la gente a cuestionar las profundas creencias sobre "los otros".

"Hay que tener valor para decir que cada uno de nosotros tiene prejuicios, y estos prejuicios tienen una historia", dijo en una entrevista con The Associated Press.

Thuram es un rostro público ideal para esta inusual exposición. Meditabundo hombre negro de sonrisa generosa, ha sido blanco de insultos racistas dentro y fuera del campo de fútbol.

Es un voto delicado para un museo: exhibir imágenes ofensivas sin glorificarlas, exhortando a los visitantes a ver más allá y sentir rechazo.

La curadora científica Nanette Jacomijn Snoep dijo que la exposición no pretende señalar a espectadores del pasado por su curiosidad.

"Para los visitantes de esa era, fue un modo ... de ver lo que estaba sucediendo en otras partes del mundo. Excepto que los visitantes no estaban del todo conscientes de que se trataba de un espectáculo, de que era una diferencia fabricada" para hacerlos sentir superiores, dijo en una entrevista.

Muchos de los sujetos de esta crueldad colonial siguen siendo anónimos, olvidados por la historia. "Hora de comer zulú", dice una foto. "Hombres de los bosques". "Jefe indio". "Cabeza negra". Una vieja película muestra a un francés dándole órdenes a dos bailarines de piel oscura con tocados tan voluminosos que apenas se les ve el rostro.

Pero algunos han sido identificados, como los bisabuelos del compañero de Thuram en la Copa Mundial de 1998 Christian Karembeu, enviados a París desde la colonia francesa Nueva Caledonia de Oceanía y exhibidos como "caníbales".

La muestra en el Quai Branly incluye una silueta proyectada de la sudafricana Saartje Baartman, conocida por el público del siglo XIX como la Venus de Hottentot, así como una fotografía de otra mujer africana desnuda de espaldas, con nalgas similarmente prominentes.

Justo cuando uno piensa que la exhibición es toda sobre el pasado, un escenario familiar salta a la vista: en el Coney Island de Nueva York se ve un viejo póster de un "circo de fenómenos". Zulúes se exhibían en el Palacio de Buckingham. El Jardín de Aclimatación de París, hoy uno de los parques de diversiones más populares de la capital francesa, albergó en el pasado "zoológicos" humanos.

Tales muestras apoyaron a científicos del siglo XIX que buscaban demostrar que las distintas razas eran biológicamente diferentes, y que los blancos era biológicamente superiores.

"Sólo existe una especie de homo sapiens", dijo Thuram, parado con actitud desafiante frente a un artefacto metálico una vez usado para medir cráneos. Parece un aparato de tortura y está acompañado por bustos esculpidos que pretenden ilustrar las distinciones raciales.

"Este 'racismo científico' fue presentado al pueblo. Los visitantes de entonces podían ir al Jardín de Aclimatación y ver gente de Asia, Africa, Oceanía detrás de un cercado, y se los presentaban como salvajes", dijo Thuram. "Hay una historia, y desafortunadamente hoy sufrimos las consecuencias de esa historia".

Comentarios recientes del presidente del consejo mundial rector del fútbol y de un ex caddie de Tiger Woods expusieron ideas anticuadas hacia el racismo que siguen impregnando la vida moderna. La misma Francia sufre a diario de racismo hacia inmigrantes de antiguas colonias, desde violencia en estadios hasta el infundado temor entre algunos de que los musulmanes intentan suplantar la cultura francesa con tradiciones islámicas.

Al igual que gran parte del Museo Quai Branly — un espacioso recinto moderno a los pies de la Torre Eiffel, oda del ex presidente Jacques Chirac a las culturas colonizadas — esta exhibición es poco iluminada. La atmósfera sombría aumenta la sensación de que esta parte de la historia no fue para nada progresista.

Provoca interrogantes sobre discapacitación y enfermedad y sobre cómo los empresarios del espectáculo se beneficiaron de ellos, exhibiendo a familias con vello facial inusual, humanos excepcionalmente altos o excepcionalmente pequeños. Estas interrogantes siguen sin responderse en un show que se enfoca en el aspecto racista de exponer a otros humanos.

La muestra estará abierta desde el martes hasta el 3 de junio.

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En Internet:

http://www.quaibranly.fr/es/