El escritor mexicano Ignacio Padilla considera que en la actualidad es "imprescindible" volver a Miguel de Cervantes, un "ser humano tan confundido" como fue su época, que ha comparado con el siglo XXI, y que él aborda en un ensayo sobre la relación entre la literatura y el infierno a través de su obra.

Padilla, Premio Manuel Alvar de Estudios Humanísticos 2011, ha destacado la necesidad de "defender la humanidad de Miguel de Cervantes" y "recuperarlo como un ser humano tan confundido como su siglo, un siglo tan ambiguo, tan revolucionado en sus ideas sobre la certeza y la pureza" como es el actual.

El escritor mexicano ha presentado hoy en Madrid su ensayo "Cervantes en los infiernos", publicado por la Fundación José Manuel Lara y segundo libro de la trilogía que inició en 2005 con "El diablo y Cervantes" y que continuará con "Los demonios de Cervantes".

Según Padilla, en la actualidad han vuelto "los mesianismos que necesitan inventarse un imperio del mal" y cuando desaparece, se inventa otro, "tan mediáticos y tan sostenidos con alfileres que tienen mucho que ver con el teatro de Lope de Vega al que asistía Miguel de Cervantes".

Padilla, quien se ha confesado lector tardío de Cervantes, "converso" y por tanto "un fanático" de su creación, ha recalcado que la enorme riqueza de la obra cervantina se basa en su ambigüedad y en la "gigantesca confusión" en la que estaba inmerso el autor de El Quijote.

Ya en su tesis doctoral se acercó a la figura del diablo en la obra completa de Cervantes. Si en su primer volumen de su trilogía tiene como pretexto la obra cervantina para hablar de la literatura en general como posesión demoníaca y su relación con la locura, el que ha presentado hoy realiza un recorrido por los infiernos.

Según el escritor mexicano, "hay tantos infiernos como miedos y deseos tenemos, como miedos y deseos tenía Cervantes".

Por esos sus ensayos abordan los infiernos y los demonios, en una especie de "exorcismo" de sus miedos personales.

Padilla, uno de los narradores más prestigiosos de la llamada generación mexicana del "Crack", ha apostado por un género ensayístico que sea una propuesta personal, "que evite los plurales mayestáticos y las cosas neutras".

Tras describir su obra como "un ensayo de un cuentacuentos, de un contador de historias", se ha mostrado partidario de volver a los ensayos en los que se hable en primera persona.

También defiende la literatura difícil: "es un signo de respeto al lector" ya que "hay muchos más lectores inteligentes y dispuestos a esforzarse en la lectura que lo que los escritores y los editores creen".