Casi diez años después de sus últimos temas inéditos, Peter Gabriel mitiga la eterna espera de su próximo disco de estudio con "New Blood", una lectura en clave orquestal de algunas de sus viejas canciones, y reivindica que su creatividad está en un nivel "muy alto".

Gabriel (1950, Londres) remonta el origen de "New Blood" a la gira de su anterior disco, "Scratch My Bag", compuesto por versiones orquestales de canciones de otros artistas.

"Quería hacer un concierto de por lo menos dos horas, así que comencé a adaptar también algunos de mis temas. Sonaban muy emocionantes y diferentes. Después, pensé que tenía a esos maravillosos músicos y que conocían el repertorio, así que decidí hacer el disco", cuenta.

Echando mano de aquellos mismos arreglos se presenta este álbum, que incluye cuatro canciones extras con respecto a la gira y que revisa, a base de viento, "de los colores de la percusión clásicos y de bajos acústicos", temas como "Don't Give Up" o "Digging in the Dirt", el más difícil de reformar por su sonoridad "funky".

Gabriel destierra del disco tanto las guitarras como la idea de grandes éxitos, por lo que no figuran hitos como "Sledgehammer", "Games Without Frontiers" ni "Big Time". En su lugar, aparecen aquellas composiciones que "encajaban en la secuencia".

"Quería el viejo concepto de disco que se pueda escuchar de principio a fin, como cuando se va al cine", explica.

Tras permitirse rehacer su pasado musical, Gabriel afirma que no aplicaría este rodillo a su vida real. "Estoy bastante feliz. Considero que he tenido una vida afortunada, sin grandes dramas, por lo que no cambiaría nada", dice el británico, para quien es importante cometer fallos y aprender de ellos.

"Para mí, tener una vida interesante es más importante que grabar un disco cada dos años", dice el músico, que desde hace años reparte su tiempo con otras dos áreas igualmente trascendentes para él, la tecnología -con negocios de distribución musical on-line como We7.com- y las campañas benéficas.

"Tengo menos tiempo para la música", reconoce el artista, que justifica así la dilación entre proyectos discográficos y que avanza que tiene "como 30 canciones compuestas, pero sin terminar".

"Es un proceso lento, porque quiero trabajar como hace la mayoría del mundo, de lunes a viernes, de 9 a 5", añade Gabriel, que volverá a meterse en el proyecto en enero, después de una gira por Sudamérica, bien retomando esos temas inacabados, bien empezando desde cero, con nuevas ideas.

Con 61 años ya, más de 40 de ellos desde la fundación de Genesis, Gabriel sostiene que, pese a que cree que hay "una relación entre los niveles de testosterona y de creatividad", lo que se pierde por un lado, se palía con lo aprendido.

"Algunos de mis pintores, compositores o escritores favoritos han hecho algunas de sus mejores obras siendo mayores. Así que no veo por qué un músico no debería hacer lo mismo", reivindica Gabriel, que cita ejemplos como el de Bob Dylan o Johnny Cash y que presume de que "New Blood" es una prueba de que sus niveles de creatividad están "muy altos".

Hablando de veteranos, Gabriel destaca también la carrera de Leonard Cohen, "el mejor escritor de letras de la música rock", al que otorgaría el Premio Polar de la Música que él mismo recibió en 2009 de la Real Academia Sueca.

Conocido por haber echado mano en sus comienzos de extravagantes estilismos, habla también de jóvenes estrellas como Katy Perry o Lady Gaga. "No puedo ser muy crítico porque yo también me puse ropas extrañas encima. Fue parte de mi crecimiento, pero mi consejo es que no se lo tomen muy en serio. La gente se acordará de los vestidos, pero lo que les toca de verdad es la música", dice.

Javier Herrero.