Un inmenso Muro de Berlín está cayendo" en el mundo árabe, afirma el escritor e intelectual marroquí Tahar Ben Jelloun, quien manifiesta su "miedo" ante el futuro porque, dice, es "más fácil rebelarse que crear un Estado democrático".

Lo positivo es que "ya nada volverá a ser como antes", subraya Ben Jelloun en una entrevista telefónica con Efe con motivo de la publicación en español de su ensayo "La primavera árabe" y de la novela "El retorno", ambos en Alianza Editorial y de los que hablará el miércoles próximo en la Casa Árabe de Madrid.

Con el subtítulo de "El despertar de la dignidad", el breve ensayo de Ben Jelloun sobre "la primavera árabe", de apenas 150 páginas, sostiene que estos movimientos ciudadanos "históricos" y "espontáneos" de protesta contra el autoritarismo han generado una onda de choque de gran alcance y ya nada los detendrá.

Un impacto cuyas ondas se han extendido, asegura, hasta la India y China, y, por diferentes razones, incluso a España, con el movimiento ciudadano conocido como "los indignados" o el 15-M.

De hecho, Ben Jelloun, quien se afincó en Francia en 1971, no excluye que se produzcan revueltas también en Europa, pero contra la "dictadura del dinero, de las finanzas".

El que fuese la "ira", la "indignación", la "exasperación" de la población contra "regímenes inaceptables" la que prendió finalmente "la mecha" de las revueltas árabes y no una ideología es la razón por la que Ben Jelloun (Fez, 1944) rechaza llamarlas revoluciones.

Tras la "alegría" y el "entusiasmo" inicial generados por "la primavera árabe" llegó el "miedo" ante un futuro "incierto", continúa el autor de "El niño de arena" y "La noche sagrada", premio Goncourt en 1987 y considerado uno de los intelectuales de mayor proyección del mundo árabe.

Y es que es "muy compleja", según Ben Jelloun, la situación a la que se enfrentan los países árabes en los que ha habido o siguen habiendo revueltas "de orden moral y ético" para reclamar "valores universales, la libertad, la dignidad y el respeto de los derechos".

"Forzosamente habrá problemas", incluso en Túnez y Egipto, países que consiguieron "superar la primera etapa: la marcha del dictador".

Y es que es "mucho más fácil rebelarse que crear un nuevo Estado de derecho, democrático y libre", reflexiona el autor de "Con los ojos bajos", "Día de silencio en Tánger" o "Mi madre".

Ese es el enorme reto que tienen ante sí ahora Túnez y Egipto: "Sentar las bases de una nueva estructura estatal con un espíritu democrático, de respeto, de apertura y tolerancia, y eso -subraya- va a requerir mucho tiempo, incluso una nueva generación".

A más corto plazo, Ben Jelloun identifica dos incógnitas: qué papel jugaran los islamistas y el ejército.

Pero siente mucha más "inquietud" por Libia, donde "solo cuando Gadafi haya sido detenido y juzgado, y sus mercenarios puestos fuera de juego se podrá decir -asegura- que se ha terminado".

Libia, además, "va a ser el país más difícil de reconstruir porque no tiene tradición política, ni oposición, ni sindicatos, ni prensa. Ha estado 42 años apartado del mundo", recuerda Ben Jelloun.

Siria, prosigue, es "una pesadilla", los dirigentes del país son "asesinos que están bien instalados" y la situación solo cambiará si se produce "el milagro de un golpe de Estado", ya que parece "imposible" una intervención exterior debido a la importancia estratégica del país, estima Ben Jelloun.

También es "otra pesadilla" Yemen, ya que es un país tribal como Libia y con una población armada, con el agravante de que, según este antiguo profesor de filosofía, es un país anclado como ningún otro en el pasado y duda que tenga interés por la democracia.

De Argelia, un país cuya única autoridad, según Ben Jelloun, es el ejército, dice que ante una revuelta sería el que probablemente se resistiese más y no dudase en derramar sangre de manifestantes.

La "excepción" en su repaso por las revueltas árabes por el norte de África y Oriente Próximo es Marruecos, su país natal, al que regresó con su familia para instalarse en Tánger de 2006 a 2009, cuando regresó a París tras ser elegido para la Academia Goncourt.

"Marruecos saldrá adelante porque las reformas ya están en marcha" y "tiene la suerte de tener a Mohamed VI, un rey lúcido, moderno, que ha reformado su país y, además, la gente le quiere".

No es el caso del egipcio Mubarak, del tunecino Ben Ali o del libio Gadafi, a quienes Ben Jelloun considera "enfermos" mentales, ya que "para ser dictador hay que tener una egolatría terrible".

Pero "tarde o temprano, llega un momento en que el hombre humillado se niega a vivir de rodillas, exige libertad y dignidad, incluso arriesgando su vida. Es una verdad universal", concluye.

Catalina Guerrero