El escritor colombiano Tomás González reveló hoy que su última novela, "La luz difícil", es "un canto a la superación del dolor", al reconocer que en buena parte de la obra está reflejada su propia vida.

"Es tal vez un canto a la superación del dolor. Al triunfo sobre el dolor. El dolor físico, el dolor moral y el dolor emocional", dijo González (nacido en Medellín en 1950), cuya novela se presenta hoy en Bogotá.

En una entrevista con Efe, el escritor remarcó que "La luz difícil" es "una especie de estudio o canto a la superación, a la aceptación y a la superación del dolor".

González, autor también de "La historia de Horacio" y "Abraham entre bandidos", entre otros títulos, admitió que en esta nueva obra "sí aparecen episodios, circunstancias físicas y geográficas" de su vida, como el hecho de que el personaje, como él mismo, vivió en Nueva York y ahora en el campo, en el centro de Colombia.

En la agonía de Horacio, el personaje de una de sus novelas (2000), "la vida alcanza su máximo esplendor", y ese es el principio que ha venido trabajando desde su primera novela hasta ahora.

"La luz difícil" (Editorial Alfaguara) es una historia de varias historias: el retrato de una familia, de un artista que envejece, de su agonía por alcanzar el infinito y de manera simultánea el manejo de su dolor, pero también es la vida de una pareja y de Nueva York.

Quienes la han leído antes de su lanzamiento y quienes han comentado sobre el autor y su obra, como la premio Nobel de Literatura 2004, la austríaca Elfriede Jeinek, no han ahorrado elogios.

"Tomás González tiene el potencial para convertirse en un clásico de la literatura latinoamericana. Leyéndolo tuve la sensación de que es un escritor de mucha pureza", señaló Jeinek.

Y el crítico literario de la revista Semana, Luis Fernando Afanador, confesó hoy sin rubor que nunca olvidará "la plenitud" que sintió al terminar de leerla, al reconocer que "no espera más de la literatura".

Para el autor, "esos elogios grandes hay que saberlos administrar" porque "uno no puede permitir que te saquen del ritmo de trabajo".

Y agregó en su entrevista con Efe: "casi que el ideal sería que haya elogios o críticas en contra y que ninguna de las dos cosas" distraigan en la labor del escritor.

González vivió casi veinte años en Nueva York después de haber alternado en Bogotá sus estudios de filosofía con un trabajo como camarero nocturno en un salón de baile de salsa y ritmos caribeños.

Regresó a Colombia en 2002; y desde entonces, "sin manías", dedica las horas de la mañana a escribir, las de la tarde a preparar asesorías y clases de literatura, y las de la noche a leer y releer.

Reveló igualmente que tiene la intención de seguir trabajando en "Manglares", una serie de poemas escritos entre 1997 y 2006.

"No lo considero un libro cerrado (...) seguiré escribiendo poesía y será parte de Manglares, que aumentará o disminuirá si quito algunos" de lo poemas, afirmó.

El escritor colombiano reconoció haber recibido como influencias en su obra grandes novelas de estadounidenses como William Faulkner o Ernest Hemingway, del alemán Thomas Mann y de autores latinoamericanos del llamado "boom" de los años setenta.

Pero confesó que no ha leído a novelistas de su generación, "ni colombianos ni latinoamericanos", aunque sabe que hay camadas de "escritores muy profesionales".

A los jóvenes que aspiran a convertirse en escritores González aconsejó que sus "fuentes de inspiración sean más la vida, directamente, y solo en segundo término los libros".

Hay que "evitar ser recicladores de literatura" y hay que "ver la realidad con los propios ojos y no con los de los demás, y trabajar literariamente sobre eso", concluyó.

Roberto Rojas Monroy