El exvicepresidente estadounidense Dick Cheney, que saca hoy a la venta su libro de memorias, no parece abrumado por su fama de político maquiavélico y, por el contrario, asume él mismo que es "Darth Vader", el "malo" de la saga "Star Wars".

En una entrevista concedida al programa "Today" de la cadena NBC emitida hoy, Cheney aseguró que la comparación con "Darth Vader", uno de los personajes más misteriosos y lúgubres de la cultura popular, no le importa en absoluto.

"Soy Darth Vader", ironizó hoy en la entrevista Cheney, quien fue vicepresidente de Estados Unidos bajo el mandato de George W. Bush (2001-2009), al lamentar que su defensa de "políticas polémicas para mantener a salvo el país" se hubiera convertido en "carne de críticas".

En su libro, "In My Time: A Personal and Political Memoir" ("En mis tiempos: memorias personales y políticas"), cuenta su relación con Bush y con otros miembros del Gobierno y defiende polémicas medidas como la asfixia simulada para interrogar a sospechosos de terrorismo.

En la entrevista, Cheney respondió a un caso hipotético en el que el Gobierno iraní empleara esa técnica para interrogar a un estadounidense y declaró: "Creo que protestaríamos sobre la base de que tenemos obligaciones con nuestros ciudadanos".

Preguntado si eso no supone un doble rasero, Cheney contestó que aquellos a los que EE.UU. sí sometió al ahogamiento simulado "no son ciudadanos estadounidenses".

En su libro, Cheney mantiene el tono desafiante y no muestra arrepentimiento sobre muchas de las decisiones más controvertidas que se tomaron durante el Gobierno de Bush, de quien asegura que fue un "extraordinario líder".

Cheney apunta que el actual presidente, el demócrata Barack Obama, no ha conseguido cerrar la prisión de Guantánamo, como había prometido, y se muestra en contra de su decisión de traer a casa para septiembre de 2012 a los 33.000 soldados adicionales que envió, en 2009, a Afganistán.

Una de las figuras contra las que carga es el ex secretario de Estado Colin Powell, a quien acusa de debilitar al presidente Bush expresándole sus dudas en privado sobre la guerra de Irak y reconoce que él mismo propuso que fuera destituido de su cargo tras las elecciones de 2004 por sus críticas a la Administración.

Powell ha considerado que las críticas de Cheney contra él son "golpes bajos" y no aportan nada nuevo.

"Por lo que he visto en la televisión y leído en los periódicos, básicamente es un refrito de cosas que pasaron hace siete u ocho años", declaró el domingo en el programa "Face The Nation", de la cadena CBS.

Cheney también critica a la sucesora de Powell, Condoleezza Rice, por su "ingenuidad" al tratar de conseguir un acuerdo con Corea del Norte sobre el programa nuclear de ese país, que EE.UU. sostiene que tiene como fin lograr armas atómicas.

El exvicepresidente estadounidense asegura que aconsejó a Bush que bombardeara un reactor nuclear "sospechoso" en Siria en junio de 2007 y lamenta que a pesar de su recomendación optara por la vía diplomática.

El político señala también que otros asesores mostraron recelos con el argumento de "la mala inteligencia" que habían "recibido sobre las armas de destrucción masiva en Irak".

Las primeras críticas del libro de Cheney no parecen halagüeñas. El diario "The Washington Post" considera que está vacío de contenido y pasa de soslayo por los temas más polémicos de la gestión del Gobierno Bush, como las alertas de amenaza de atentado que recibió antes del 11-S y de las que hizo caso omiso.

Tampoco alude al papel del Gobierno o del expresidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, en la crisis económica de 2008.

"Si el libro es leído por una persona inteligente que ha pasado los últimos diez años, digamos, en Marte, no tendrá ni idea de que Dick Cheney era el vicepresidente en una de las Administraciones más desafortunadas de la historia moderna de EE.UU.", señala el editor Robert Kaiser.

Entre las revelaciones que hace Cheney, que antes de llegar a la Casa Blanca había sufrido cuatro infartos, cuenta que tenía preparada una carta de dimisión secreta para que en caso de que le diera otro infarto o sufriera una apoplejía uno de sus ayudantes se la entregara a Bush.