El corazón colonial de Manila, destruido en la Segunda Guerra Mundial y dejado a su suerte durante décadas, despierta ahora el interés de las autoridades filipinas, que quieren arreglarlo para potenciar su interés cultural y que sea además un atractivo barrio de ocio y diversión.

Tras soportar terremotos, tifones, incendios y sobre todo el intenso bombardeo de 1945, el barrio español de Intramuros ofrece hoy un aspecto decadente, invadido por cientos de chabolistas y con algunos de sus edificios emblemáticos e un estado cochambroso.

"Queremos revitalizar la zona, no sólo mejorarla como centro de interés cultural, sino también convertirla en un lugar de encuentro y de ocio nocturno junto al río, con bares y restaurantes donde comer tapas. Hemos visto algo parecido en Singapur y en Sídney y queremos imitarlo", explica a Efe José Capistrano, administrador de Intramuros.

Esta zona de ocio, que se terminará en los próximos meses en la antigua Maestranza, a la orilla del río Pasig y frente al popular barrio chino de Binondo, es el mascarón de proa de un proyecto que aspira a recuperar algunos de los edificios emblemáticos y hacer de la ciudad amurallada un lugar atractivo para los filipinos y también los turistas.

Atestada de coches, jeeps de transporte público y vendedores ambulantes, en algunas áreas son tan sólo las murallas exteriores las que recuerdan al visitante que se encuentra en un centro urbano de gran valor histórico.

"Debemos mejorar la limpieza y la seguridad, ampliar las aceras, y encontrar una solución para los moradores, pero por ley no podemos expulsarlos porque están en propiedades privadas y a los dueños no les molesta que vivan allí", argumenta Capistrano.

El administrador de Intramuros planea también montar un sistema de juegos de luces que por la noche ilumine de distintos colores los muros del Fuerte de Santiago, edificado por primera vez en 1571 por el conquistador Miguel López de Legazpi.

Otro de los grandes objetivos del plan es la construcción de un museo en la deteriorada iglesia jesuita de San Ignacio donde exhibir las 7.000 piezas de arte eclesiástico rescatadas de los templos arrasados durante la guerra y valoradas en 1.800 millones de pesos (29,5 millones de euros o 42,5 millones de dólares).

"Muchas de las piezas están aquí, en las estanterías y sin archivar", lamenta Capistrano mientras señala varias de las numerosas antigüedades desparramadas por la oficina de la Administración de Intramuros, dentro del antiguo Palacio del Gobernador.

Algunos edificios emblemáticos destrozados por la guerra, como los antiguos Almacenes reales, el Ayuntamiento y la Intendencia, están siendo rehabilitados, pero otros son ya irrecuperables porque su antiguo espacio fue ocupado por otras construcciones o porque arreglarlos resulta excesivamente costoso.

"Nuestra intención es crear una réplica en miniatura de los edificios antiguos, vimos algo parecido en Amsterdam. De esta forma podemos tener los edificios que ya no se pueden recrear. Queremos que sea un parque temático, atractivo para mayores y niños. También estamos pensando en incluir una réplica de un galeón español", dice el administrador de Intramuros.

Sin embargo, todos estos proyectos se topan con el obstáculo de la financiación puesto que el Gobierno alega que carece de dinero suficiente aunque reciba ayuda económica del exterior, por lo que busca sellar acuerdos con el sector privado.

"Se han interesado varias de las principales promotoras inmobiliarias de Filipinas y para diciembre elegiremos a una de ellas por un concurso de obra pública. Todos los proyectos irán en el mismo paquete", apunta Capistrano.

La ciudad amurallada fue el centro administrativo de Manila hasta que terminó la era colonial española en 1898.

Gran parte de los edificios históricos fueron totalmente o parcialmente destruidos durante la cruenta batalla de Manila en 1945, cuando los enfrentamientos entre las fuerzas japonesas y estadounidenses causaron al menos 100.000 muertos.

Manila fue la segunda ciudad aliada más destruida, por detrás de Varsovia.