Una vasija de porcelana china del siglo XVII, considerada "inédita" por sus imágenes pornográficas inspiradas en el Kamasutra, fue hallada en un convento de Lisboa, donde se encontraron otras valiosas piezas orientales.

Un equipo de arqueólogos de la Universidad Nova de la capital lusa descubrió en un local insospechado, un convento de monjas, una obra "chocante" y "atrevida" para los gustos de la época procedente del lejano Oriente.

El coordinador de las excavaciones, Mario Varela Gomes, explicó a EFE que la representación sin tapujos del sexo entre un hombre y una mujer es la gran novedad del jarrón.

"Refleja una escena erótica de seducción que acaba con al menos cinco imágenes de carácter pornográfico", constata el especialista, quien destaca las distintas posiciones sexuales que practica la pareja.

Según Varela Gomes, las escenas exhibidas son inéditas para el siglo XVII -al contrario que las de carácter erótico-, y apunta al libro del Kamasutra, antiguo texto hindú que trata sobre el comportamiento sexual en pareja, como una fuente de inspiración para el pintor del jarrón.

Aparte del contenido sexual, el hallazgo de la vasija sirve también para conocer mejor las costumbres de la época, puesto que las escenas representadas recrean los ambientes de la aristocracia en la antigua China.

El hombre, probablemente un guerrero por sus botas, y los finos vestidos de la mujer dan nuevas pistas sobre su estilo de vida, apunta Gomes Varela.

El investigador resalta que el hallazgo de la vasija es fruto del rico patrimonio que Portugal acumuló durante siglos por su intensa actividad comercial de ultramar.

"Hay mucha porcelana china en los conventos portugueses, en grandes cantidades. Viene de la altura de la expansión portuguesa (entre los siglos s.XV y XVII)", señala.

Portugal, antigua potencia marítima cuna de navegantes como Fernando de Magallanes, Vasco da Gama y Pedro Alvares Cabral, mantuvo estrechas relaciones comerciales con el extremo oriente, donde estableció colonias fijas en Macao (China), Goa (India) y Timor Oriental.

El arqueólogo justifica la presencia de estas valiosas obras en lugares tan inesperados como los conventos porque en la época era usual que las mujeres de clases pudientes que no se casaban se hiciesen monjas.

"Debió de ser una pieza muy problemática para su portador", ironiza Varela Gomes, en referencia al contraste entre la "indecorosa" pintura de la vasija y el extremo recato que tenían que guardar los habitantes de un convento.

El jarrón, de 18 centímetros de diámetro y que se encuentra en fase recomposición, aún continúa ruborizando a muchas personas, reconoce el especialista, quien asegura que entregarán la obra al Estado cuando esté completamente restaurada.

Los trabajos en el convento de Santana, situado en el corazón de Lisboa y destruido parcialmente tras el devastador terremoto de 1755, han arrojado otras preciadas obras, entre ellas porcelanas de Vietnam o joyas de rubí procedentes de La India .

Antonio Torres del Cerro