Baracoa, la primera ciudad que los españoles fundaron en Cuba, cumple el 15 de agosto 500 años como uno de los lugares más singulares de la isla por su exuberante naturaleza y su riqueza histórica y con el reto de prosperar por la senda del turismo.

"La más hermosa cosa del mundo", así describió lo que hoy es Baracoa Cristóbal Colón al llegar el 27 de noviembre de 1492 con "La Niña" y "La Santa María" a esa costa del extremo oriental de la mayor de las Antillas.

Del paso de Colón por este enclave dan fe las versiones de sus diarios de viaje y otro destacado testimonio "La Cruz de la Parra", la única que se conserva de las 29 cruces que el almirante plantó en sus cuatro viajes por América.

Fundada como villa el 15 de agosto de 1511 por Diego Velázquez "El Adelantado", la huella española pervive en las fortalezas de Matachín, la Punta o el Castillo, levantadas para defender la ciudad de corsarios y piratas y que hoy acogen un museo, un restaurante y un hotel.

Por Baracoa "entró la esencia de la criollez y aquí se encuentra la esencia de lo cubano", dijo a Efe Alejandro Hartmann, el historiador oficial de la Ciudad Primada de Cuba.

"Baracoa es, posiblemente, lo más puro que le queda a Cuba", esa es la opinión de Zenón, otro enamorado de su tierra que ejerce como presentador en la Casa de la Trova de la ciudad.

Ubicada en la provincia de Guantánamo a más de mil kilómetros al oriente de La Habana y con unos 82.000 habitantes, lo primero que deslumbra de Baracoa es su paisaje de costa y montaña alfombrado de tupidos bosques y parajes protegidos por sus abundantes especies de flora y fauna endémicas.

Allí el agua es una constante: por el mar, por las lluvias (en el siglo XIX Baracoa era conocida como "El orinal del cielo") y por numerosos ríos que forman hermosas desembocaduras como la Isla de las Almendras en el Yumurí; o la del Miel que tiene leyenda incluida: quien se baña en sus aguas se queda o vuelve.

Si peculiares son sus paisajes también lo son sus habitantes, entre los que todavía se pueden encontrar la herencia genética y rasgos de los taínos, el pueblo aborigen que habitó la zona.

Cinco siglos después de su fundación, Baracoa es la mayor reserva forestal de Cuba y es la capital del cacao y el coco: la ciudad huele a chocolate y las carreteras que la circundan están repletas de vendedores de cucuruchos con dulce de coco.

Pero este lugar donde el tiempo parece detenido con sus guajiros (campesinos) montados a caballo o en carretas tiradas por bueyes no es ajeno a la crisis económica cubana y muchos se han sumado a la fiebre del trabajo privado, sobre todo para abrir restaurantes, alquilar habitaciones o vender artesanías.

El turismo se perfila como el motor de una zona atractiva no solo por su naturaleza e historia sino por la cercanía con otros puntos del Caribe y la posibilidad de ser foco "multidestino", según el historiador oficial de la Villa Primada.

De momento, el centro de la ciudad cuenta con numerosos restaurantes privados (hay casi una veintena) donde se ofrecen las delicias de la zona y en algunos casos con bastante ingenio.

Pablo, de 52 años, es el dueño de "El Poeta", un "paladar" lleno de sorpresas donde su titular lo mismo improvisa rimas que sirve una curiosa bebida que mezcla en la boca del cliente ron con el jugo de una caña de azúcar que él mismo exprime.

En "El Poeta" el visitante come en vajilla ecológica de cuencos de güira, bambú o mazorcas de cacao y puede experimentar en sus brazos el "baile de las polimitas", unos bellos moluscos protegidos cuyas conchas tienen vivísimos colores y que Pablo cría en su restaurante.

Otra iniciativa que ha florecido en los últimos tiempos en Baracoa es el alquiler de habitaciones en casas particulares: 230 ya tienen autorización con lo que la oferta privada casi duplica el número de camas que ofrecen los cinco hoteles y hostales estatales de la ciudad.

Sin embargo, las guías oficiales de turismo no incluyen este tipo de negocios.

A otros baracoanos la edad no les impide intentar aliviar la escasez con el trabajo autónomo: Carmen, descendiente de indígenas, ha obtenido a sus 79 años licencia para vender artesanías y dulces que ella misma elabora en su humilde casa situada al borde del mar.

Allí vive con su marido, Rafael, de 89 años y cocotero que aún sube y baja por las palmeras con asombrosa agilidad, asegura que no está jubilado porque le gusta "luchar la vida" y admite que los ingresos extra de Carmen les permiten vivir con un poco más de holgura que en otras épocas.

Las autoridades locales de Baracoa comenzarán el día 13 los festejos y actividades para conmemorar los 500 años de la fundación de la ciudad, que culminarán el 15 de agosto con un acto central al que acudirán representantes del Gobierno cubano así como de la Embajada de España en la isla.