La presentación de las nuevas colecciones de Alta Joyería de la plaza Vendôme, epicentro mundial de este delicado arte, cerraron hoy las jornadas de ultra lujo abiertas el lunes con los desfiles de Alta Costura para el otoño-invierno 2011-2012.

Una única colección oficial, la del modisto Azzedine Alaïa, organizada en su sede central parisiense, en el Marais, y dos previstas en el calendario paralelo del lujo parisino por Yiqing Yin y Fabien Rozan se sumaron a la agenda del día.

Junto a otros eventos como una exposición organizada por Hiroko Koshino en el Hall des Maréchaux del Museo de las Artes Decorativas sobre su universo creativo, reunión de moda y arte.

Alaïa (Túnez, 1940) presentó su desfile tras ocho años sin hacerlo oficialmente, aunque entre tanto no dejó de vestir a algunas de las clientas más célebres y bellas del planeta, de la supermodelo Naomi Campbell; a la esposa del presidente francés, Carla Bruni Sarkozy; o la del estadounidense, Michelle Obama.

La inspiración vino de la materia, del tacto, por fundamentar su trabajo más con lo que tiene que ver con el ojo y la mano que con el cerebro o las referencias culturales habituales en el gremio.

Es "cómo un trabajo de instinto, de artista, de escultor", comentaron a Efe sus colaboradores, que hoy recibieron a casi 250 invitados en lo que quiso ser un desfile confidencial, al que las cámaras no fueron invitadas, al que asistió entre otros VIP la directora de cine Sofia Coppola.

Terciopelo, bordado, trabajado y retrabajado, con incrustaciones y mezclas de texturas, perforado levemente, y también cuero acharolado trabajado como piel de cocodrilo, fueron sus dos materias principales, para producir trajes de chaqueta con falda hasta las rodillas, abrigos y vestidos de noche teñidos de negro, gris, burdeos, blanco, rojo vino y verde pradera.

La silueta, entallada en el torso hasta la cintura, se abría en forma de campana a partir de las caderas.

En el terreno del diamante, el oro blanco y el arte más sutil de la joyería, Dior y Chanel, las dos grandes firmas de alta costura con actividades en el sector, continuaron sus presentaciones inauguradas el lunes, mientras que Chaumet mostró a la prensa una colección de 200 años de relojería que el público podrá contemplar a partir de mañana y hasta el 29 de julio.

En su salón central, construido en 1777 y patrimonio nacional, reinará una diadema de 1810, creada "al gusto" de la emperatriz Josephine, su primera musa, su primera embajadora y la primera mujer que portó ese tipo de joyas en cuya creación la firma es gran especialista, explicaron a Efe sus portavoces.

La increíble diadema es sólo un perfecto preámbulo para disfrutar de los históricos relojes-joya conservados por Chaumet; de sus ultimísimas creaciones, entre ellas su modelo Class One de titanio; y 300 dibujos de relojes históricos de los más de 400.000 que posee en sus archivos.

En la vecina Maison Boucheron, zafiros, esmeraldas, oro blanco, cristal, espectaculares ópalos de Australia, rubis, turquesas, perlas y por supuesto multitud de diamantes conforman las 19 piezas inspiradas en lugares míticos del Mediterráneo, como Isola Bella, Capriccioli o Aiguebelle, para hablar de la "Dolce riviera".

El tema mediterráneo fue pretexto para que el color, traducido en piedras de azul intenso, rosas acidulados o intenso verde esmeralda ocuparán este histórico establecimiento joyero hoy propiedad del grupo del lujo francés PPR, que fundó en 1858 Frédéric Boucheron, quien en 1893 abrió la primera joyería de la plaza Vendôme.

Allí donde pocos años después se instaló Van Cleef & Arpels, firma que encontró en los "bailes de leyenda" el objeto del deseo de su nueva colección.

"Momento de fasto y armonía", que se desarrolla en un marco refinado y prestigioso, rebosante de elegancia indumentaria, el baile es además y por supuesto la ocasión de brillar en sociedad con las joyas de familia o las últimas adquisiciones.

Cinco conjuntos de anillos, collares, pulseras y broches bailarina dieron cuenta de algunos bailes memorables, desde la época de Luis XIV, quien codificó su mecanismo con sus suntuosos bailes de disfraces, a otros más actuales.

El clip Rosemonde, símbolo de la elegancia de femenina en la Belle Epoque, hecho de nácar y lapislázuli, perlas finas multicolores y diamantes, daba cuenta de uno de ellos y también de uno de los 200 personajes de la obra maestra de Marcel Proust (1871-1922) "A la recherche du temps perdu".