En un muro en pleno centro de Rabat, detrás de una gasolinera rodeada por un atasco perpetuo, ha surgido el primero de los "jardines" pintados que desde esta semana aspiran a hacer de la capital marroquí un entorno más humano y habitable.

Dos artistas mexicanos y otro español se han encargado de alumbrar estos vergeles acrílicos, una auténtica novedad para una ciudad poco acostumbrada al arte urbano y que ha recibido con curiosidad y atención el proyecto "Jardines".

A falta de espacios verdes donde poder relajar los sentidos, esta iniciativa de la organización española Nobulo junto con la marroquí Bni.ma consideró que el arte mural podría suplir esas ausencias en lugares significativos como la plaza Bab el Had, corazón de Rabat, o un orfanato en un barrio popular.

La primera obra, un jardín con reminiscencias del mundo microbiano, corrió a cargo del mexicano Dhear, que pintó un paredón detrás de una estación de servicio en la plaza Bab el Had, confluencia entre la medina y la ciudad nueva.

Pocos paseantes quedan al margen de los árboles retorcidos y las plantas oníricas que han sustituido lo que hasta ahora no era más que un bloque de cemento.

"Desde luego, ha sido una gran idea. Venimos a menudo a esta plaza y no le venía mal algo de color y alegría", dice la estudiante Najla Burhaid, mientras su amiga Samira agita la cabeza y reconoce que "no sabe qué pensar" sobre la obra que tiene ante sus ojos.

Para el mexicano Dhear, la reacción del público supuso un aliciente adicional, ya que se trata de una mirada menos acostumbrada al arte mural y callejero que la que se puede encontrar en cualquier otro país más acostumbrado a este tipo de manifestaciones artísticas.

También en la plaza Bab el Had, que ha alcanzado notoriedad en los últimos meses al ser el lugar de reunión de las manifestaciones pro democráticas del Movimiento 20 de Febrero, la artista mexicana Pilar Cárdenas dejó su huella sobre un tabique.

"En los últimos años he sentido cada vez mayor interés por los motivos árabes e islámicos, y qué mejor lugar para expresarlo que un país como Marruecos", señaló Cárdenas, quien en Rabat ha introducido la cúpula árabe como un nuevo elemento en sus composiciones.

Lejos del bullicio del centro rabatí, en una esquina con la que jamás topará un turista, el granadino Niño de las Pinturas creó frente al orfanato del barrio de Akkari un mural con un mundo lleno de simbolismo y mensajes.

"La fuerza está en las raíces, pero el árbol crece hacia el cielo". Escrito de esta forma, en árabe por supuesto, el artista español quiso regalar esperanza a los niños que corren y juegan todos los días delante de ese muro de veinte metros de largo.

La mayoría de los pequeños, a cambio, no dudaron en regalarle a él lo primero que podían encontrar.

Por eso, el artista considera ese intercambio con los pequeños y con las familias del barrio -que todos los días se ocupaban de sus necesidades y que hasta le llegaron a agradecer con lágrimas en los ojos que añadiera belleza a sus vidas- como la mayor recompensa que le ha aportado su estancia en Rabat.

Los tres tardaron una semana en completar sus trabajos. Después, no se olvidaron de algunas personas imprescindibles, como Mohamed, el hombre que manejó la grúa con la que Dhear pintó su mural, o como Yunes, el "contacto" marroquí que les hizo todo mucho más fácil.

Detrás de ellos, y con la cooperación de las embajadas españolas y mexicana y del Instituto Cervantes, Anna Dimitrova, el alma máter de Nobulo, se siente "agotada pero feliz" al comprobar que un proyecto a priori nada sencillo ha visto finalmente la luz.

No en vano, "Jardines" se había propuesto, a través de estas obras, "generar una influencia positiva en el estado de ánimo y vida de los habitantes".

Los paseantes de Bab el Had y los niños del orfanato de Akkari tienen ahora la palabra. Su vida, dicen algunos de ellos, parece ahora más luminosa.

Enrique Rubio