Bob Dylan, con una carrera tan prolífica y polémica como reservada es su actitud ante los medios, cumple mañana 70 años considerado por muchos como un auténtico genio revolucionario.

Robert Allen Zimmerman, su nombre real, es un símbolo de la contracultura estadounidense desde comienzos de la década de 1960, cuando su encendido repertorio de cantautor encontró acomodo en las proclamas de una sociedad que hervía por la guerra de Vietnam al tiempo que se unía en la lucha por los derechos civiles.

"No soy un salvador o un profeta", dijo en 2004 en su primera entrevista televisiva en casi 20 años.

"Mis canciones no son sermones y no considero que haya nada en ellas que diga que soy un portavoz de nada ni de nadie", argumentó, al tratar de restar valor a composiciones míticas como las incendiarias y comprometidas "Like a Rolling Stone", "Blowin' In The Wind" o "The Times They Are A-Changin".

Unas canciones con las que, en su opinión, sólo trataba de plasmar la realidad que veía pasar ante sus ojos como buen artista "folk", cuyas letras siguen vigentes y se pasan de generación en generación.

Es uno de los músicos más influyentes de la historia, capaz de usar las letras para expiar sus propios pecados y convertirlos en prosa adictiva, ya sea a modo de pop, rock, country o folk, mientras deja escapar sus lamentos por esa garganta que pudiera parecer rota por momentos pero siempre acariciada por su inseparable armónica.

Tal y como recuerda el museo Grammy, que inaugura esta semana la exposición "Forever Young" en honor al artista, Dylan cuenta con doce de esos premios musicales, incluidos dos al mejor álbum del año por su participación en "The Concert of Bangladesh", en 1972, y por "Time Out Of Mind", en 1997.

Ganador de un Globo de Oro y un Óscar en 2001 por la canción "Things Have Changed", escrita para el filme "Wonder Boys", es miembro asimismo del salón de la fama del rock'n'roll.

Un expediente de oro para un hombre que tuvo muy claro desde el principio que debía salir de Hibbing, en su gélida Minesota natal, para encontrar la luz en las calles inyectadas de vida del Greenwich Village neoyorquino, donde halló inspiración en la poesía de Dylan Thomas (un habitual en sus gustos junto a Hank Williams y Woody Guthrie) para dar con el nombre que le acompañaría el resto de su vida artística.

A su primer disco, "Bob Dylan" (1962), le siguieron otros como los imprescindibles "The Freewheelin' Bob Dylan" (1963), "The Times They Are a-Changin" (1964), "Another Side of Bob Dylan" (1964), "Highway 61 Revisited" (1965) o "Blonde on Blonde" (1966), que contenían himnos clásicos de protesta política.

Era la primera fase de su época más brillante, continuada con obras más líricas y eléctricas como "New Morning" (1970), "Pat Garrett & Billy the Kid" (1973), "Desire" (1975) -donde aparecía la inolvidable "Hurricane"- o "Blood on the Tracks" (1975), antes de caer en un bache creativo especialmente notable en la década de 1990, su peor etapa en cuanto a ventas.

De ese bajón logró salir con trabajos tan triunfantes como "Time Out of Mind" (1997) y especialmente, ya en el nuevo siglo, con "Modern Times" (2006).

Son cincuenta años sobre los escenarios, incluidos los que pisó en abril pasado en China, para una trayectoria que vivió un importante punto y aparte en 1966, cuando sufrió un grave accidente de moto que le llevó a recluirse de la fama y la presión, alejándose de los escenarios mientras pasaba más tiempo con su familia.

Dylan se casó en dos ocasiones: en 1965 con Sara Lownds (de quien se divorció en 1977), con la que tuvo cuatro hijos (incluido Jakob, vocalista de "The Wallflowers), y con Carolynn Dennis en 1986 (se divorciaron seis años después), con quien tuvo una hija más.

Su vida y obra quedó retratada con clarividencia en sus memorias "Chronicles, Volume One" (2004) y en el documental de Martin Scorsese "No Direction Home" (2005).

Antonio Martín Guirado