Con la palabra como único instrumento, seis actores convierten los autobuses de Ecuador en un escenario ambulante en el que sacan la literatura de los libros y la comparten con miles de usuarios en su afán por recuperar la memoria del país.

Se trata del Festival "Memoriandante", que se clausura mañana y con el que los seis narradores apoyados por el Ministerio de Cultura de Ecuador rompen lo cotidiano de un viaje en autobús para relatar historias urbanas, contar amorfinos (ritmo musical de la costa ecuatoriana) o recitar poesía.

El objetivo de "Memoriandante" es "irrumpir en el espacio público, romper un poco con la cotidianeidad de la gente para que escuchen" las narraciones, y de esta manera "reivindicar la importancia de la palabra contada, la palabra dicha", explicó a Efe Hugo Palacios, encargado del festival.

"A veces se piensa que la poesía es para determinados espacios, como los académicos, para cierto tipo de gente. Creemos que la poesía debe salir de los libros para instalarse en cualquier corazón, en cualquier persona de a pie", subrayó Palacios.

Esperar, por tanto, a que la gente vaya a una sala para ver teatro no es para este grupo, que sube a los autobuses con unas buenas dosis de humor o aligera la espera en las paradas con coplas que arrancan sonrisas a más de uno.

"Con tantos problemas sociales y económicos es importante sacar a relucir una sonrisa", comentó Javier Suárez, de 35 años, al que una de las actrices convirtió en improvisado actor en una de las estaciones municipales de autobuses en Quito.

La idea es que "la memoria viaje en los autobuses, vaya a las paradas, en las esquinas y en las veredas, por eso decimos que la palabra y la memoria van de la mano y a pie", recordó Palacios.

Comentó que muchos de los poemas o cuentos que se presentan tienen que ver con personajes "que ayudaron a formar la identidad" del país, aunque también se relatan "historias cotidianas".

Curiosidad, recelo, vergüenza, entre otras sensaciones despierta el teatro entre los pasajeros, algunos de los cuales interactúan con los narradores y participan en las actuaciones, que duran apenas minutos.

Pero otros muestran indiferencia, algunos porque van muy metidos en lo suyo, otros porque están distraídos y la mayoría porque creen que deberán pagar algo, comentó una de las organizadoras del festival, al que le benefician los atascos, pues obliga a ir más lentamente a los autobuses, en los que los artistas hacen proezas equilibristas para no caerse.

"Que la memoria se convierta en una paloma mensajera que siempre llegue a su destino y que nunca, nunca se sumerja en el olvido", recalcó Palacios al cerrar una de las presentaciones en un autobús, junto con dos compañeras que portaban un sombrero como único extra a su vestimenta.

Palacios justificó el sencillo vestuario porque no quieren llamar la atención con la ropa, "sino que sea la palabra la que defina el trabajo".

Los narradores orales profesionales, de entre 20 y 35 años de edad, pertenecen al grupo cultural "Los de a pie teatro" y a la "Compañía Accidental La Puerta".

Aparte de poesía local y latinoamericana, coplas e historias urbanas, los narradores también escribieron algunos textos, algunos cargados de picardía y coquetería: "Quisiera ser pajarito con patitas de algodón para volar a tu pechito y tocarte el corazón".

"Antes habían los piropos, los dichos, y se perdió", se lamentó el pasajero Carlos Caluquí al recordar sus tiempos de juventud.

Con atención siguió cada uno de los relatos, sonrió y se ruborizó con algunas de las picardías que se incluyen en el lúdico repertorio para recuperar la memoria histórica.

"Vale la pena intentarlo porque no es malo, todas las cosas buenas hay que hacerlas porque si no se hacen cómo sabemos los resultados buenos que puede dar", comentó Caluquí en referencia al proyecto Memoriandante, que arranca aplausos, recuerdos y sonrisas entre el público de estos escenarios ambulantes.

Susana Madera