Como si hubiese sido ayer, Sylvia Méndez recuerda que en 1944, cuando sólo tenía ocho años, ella y dos de sus hermanos fueron víctimas de una de las más grandes humillaciones de su vida: ser rechazados en la escuela sólo por el color de su piel.

"Mi tía Soledad, hermana de mi papá, nos llevó a inscribir, junto a mis dos primas, a la escuela de la Calle 17 en Westminster. Pero para su sorpresa, a sus hijas si las aceptaron porque eran blancas y a mis hermanos y a mí nos rechazaron por ser oscuros. Mi tía, por supuesto, se salió de ahí muy ofendida y se fue a la casa a contarle a mi papá lo que había pasado. Todavía recuerdo cómo lloraba", relata Méndez, durante una reciente entrevista en su casa de Fullerton.

Ese incidente cambió para siempre la historia de la educación en todo el país. Gonzalo Méndez, el padre de Sylvia, era un inmigrante nacido en Chihuahua, México de carácter fuerte y decidido. Lejos de cruzarse de brazos, se unió con otras cuatro familias mexicanas y en 1945 entablaron una demanda en Los Angeles contra la segregación escolar en Orange.

Tras una intensa batalla legal, el 18 de febrero de 1946 la corte falló a favor de los padres mexicanos. Posteriormente, el caso sirvió de base para que en 1954 el abogado Thurgood Marshall ganara la demanda que prohibió la segregación racial en las escuelas de Estados Unidos.

Por muchos años la historia de la familia Méndez se mantuvo en el olvido, lo cual era motivo de gran pesar para Felícitas, la madre de Sylvia, quien quedó viuda desde 1964. "A mi mamá le daba mucha tristeza que no se supiera que un grupo de mexicanos había luchado para terminar con la segregación escolar, así que en 1995, tres años antes de morir, me hizo prometerle que yo iba a luchar para que la historia se diera a conocer y sirviera de inspiración".

Desde entonces, Sylvia, quien renunció a su empleo de 33 años como enfermera para cuidar de su madre, ha dedicado su vida a cumplir la promesa de difundir la historia en diversos foros, especialmente en las escuelas, para promover la tolerancia racial y para que tanto los estudiantes como los padres de familia valoren la importancia de la educación.

Debido a que los latinos son los que más abandonan los estudios, Sylvia cuenta que en sus pláticas siempre subraya la importancia de que los padres no permitan que esto ocurra. "Aunque estén muy pobres, yo siempre les pido que hagan hasta lo imposible para que sus hijos terminen sus estudios pues esto es lo único lo que les permitirá progresar", subraya.

Sus esfuerzos por promover la educación han sido reconocidos por muchos, entre ellos por el presidente Barack Obama, quien el pasado 14 de febrero le otorgó la Medalla a la Libertad.

"Ella ha cumplido con su misión de difundir el mensaje de tolerancia y oportunidad para los niños de todos los orígenes", dijo el jefe de la Casa Blanca durante la ceremonia de la entrega de la Medalla de la Libertad en la Casa Blanca.

Por su parte, la congresista Loretta Sánchez (Distrito 47 de California) puntualizó: "Sylvia ha trabajado toda su vida para crear oportunidades para otros viajando por todo el país para dar conferencias sobre la importancia de la igualdad en la educación. Su valentía y dedicación son un ejemplo para todos nosotros".

Para Sylvia, el haber recibido esta medalla es una motivación más para seguir adelante. "Siento un gran orgullo por este reconocimiento, que no sólo es para mis padres sino para todos los latinos que luchan por una mejor educación para sus niños. Esto es una prueba de que si luchamos podemos avanzar. No hay imposibles ", dice con una gran sonrisa.

María Luisa Arredondo nació en la ciudad de México y es egresada de la carrera de Comunicación de la Universidad Iberoamericana. Es Directora Ejecutiva y fundadora del portal Latinocalifornia.com.

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