Las fuerzas sirias atacaban el martes dos localidades sin señales de un repliegue militar de gran escala el día en el que el presidente Bashar Assad se había comprometido a emprender el retiro de sus efectivos de diversos lugares conforme a una tregua internacional.

El alto al fuego que concertó el enviado de Naciones Unidas y la Liga Arabe, Kofi Annan, es considerado de manera generalizada como la última oportunidad para la diplomacia y si fracasara — como parece — Siria se acercaría aún más al filo de una guerra civil total.

El conflicto se ha intensificado militarmente tras la sublevación que comenzó hace 13 meses contra el régimen de Assad y la posterior represión brutal que lanzó el gobierno. La posibilidad de que la lucha se desborde más allá de las fronteras de Siria aumenta el peligro de una conflagración regional.

El lunes, las fuerzas sirias dispararon al otro lado de las fronteras con Turquía y Líbano. A causa de estos hechos pereció un periodista de televisión en Líbano y al menos seis personas en un campamento de refugiados en Turquía.

El primer ministro turco Recep Tayyip Erdogan acusó el martes a Siria de infringir la frontera turca y señaló que su país analiza las medidas que adoptará ante estos acontecimientos, entre éstas algunas "que no queremos ni pensar". No abundó en detalles.

Turquía, que ha recibido a unos 24.000 refugiados sirios, considera la creación de zonas de seguridad a lo largo de su frontera, acción que podría arrastrar a las fuerzas militares turcas al conflicto.

Conforme a la tregua que negoció Annan, las fuerzas sirias debían comenzar a retirarse el martes de poblados y aldeas para que el repliegue concluya en 48 horas, en tanto que el cese de todas las hostilidades debía dar inicio a las seis de la mañana del jueves.