Los gobiernos de Afganistán y Estados Unidos firmaron el domingo un acuerdo que fija las reglas para las incursiones nocturnas del ejército estadounidense, lo que resuelve un asunto que puso en riesgo un pacto más extenso que regula la presencia de Estados Unidos en territorio afgano durante las próximas décadas.

En los allanamientos nocturnos, los soldados estadounidenses y afganos incursionan sin advertencia en hogares o complejos residenciales en busca de insurgentes, actos que se resienten mucho en este país sumamente conservador.

El presidente de Afganistán, Hamid Karzai, había exigido varias veces que se detuvieran las incursiones, argumentando que aumentaban las probabilidades de que hubiera víctimas civiles y que los soldados extranjeros son irrespetuosos en la manera de realizar las operaciones. Las fuerzas militares de Estados Unidos aseguraron que tales operativos son esenciales para capturar a comandantes del Talibán y de la red al-Qaida.

La solución a esta disputa representa un paso clave para una "asociación estratégica" a largo plazo para regular las actividades del ejército estadounidense en Afganistán una vez que la mayoría de las fuerzas de combate de Estados Unidos hayan abandonado territorio afgano en 2014. El pacto a largo plazo es considerado importante para garantizar al pueblo afgano que no será abandonado por sus aliados internacionales.

El memorándum fue firmado en presencia de reporteros por el ministro de Defensa afgano, el general Abdul Rahim Wardak, y el comandante de las fuerzas de Estados Unidos y la OTAN, el general John Allen. El pacto parece generar importantes beneficios para ambas partes: a los afganos les otorga autoridad sobre los asaltos y a los estadounidenses les brinda un socio que tendrá que responder por igual en caso de muerte de civiles en operativos o ante acusaciones de maltrato.